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AemondTargaryen · 31-35
Afortunadamente había niñeras de sobra, el gran beneficio de ser reyes. Habían adaptado una habitación conectada a la de ellos, donde las niñas dormían y eran vigiladas por turnos, así podían atender cualquier necesidad a la orden.
Se habían encargado de agotarlas todo el día, así que para el inicio de la noche las pequeñas ya estaban rendidas. Con ello comenzaron a adaptar su rutina del sueño, y les dieron un respiro a sus padres.
Aemond se tumbó en el diván con una copa de vino; les estaban por traer la cena a la habitación, lo que ya era una costumbre. Esa noche estaba tomando un poco más de lo habitual, sabía que las gemelas no despertarían y podría relajarse un poco.
Se habían encargado de agotarlas todo el día, así que para el inicio de la noche las pequeñas ya estaban rendidas. Con ello comenzaron a adaptar su rutina del sueño, y les dieron un respiro a sus padres.
Aemond se tumbó en el diván con una copa de vino; les estaban por traer la cena a la habitación, lo que ya era una costumbre. Esa noche estaba tomando un poco más de lo habitual, sabía que las gemelas no despertarían y podría relajarse un poco.
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