100+, M
La tiniebla es nuestra mejor amante, nos oculta, protege y anima a hacer actos abyectos.
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IlsederWolf · 22-25, F
¿Cuantos días habían pasado? Aquella pregunta no cabía en una mente obsesiva, compulsiva e insana, el tiempo pasaba como una simple estela de bruma en su mente, como simples alarmas para que parara sus labores simplemente para asesarse, alimentarse o higienizarse; incluso semanas habían pasado en aquel "antebúnker". Su remodelada instalación era una oda a su vieja guarida en tiempos de guerra, ya muy enterrados y olvidados tras la tétrica derrota de Alemania. En Ilse, el antiguo orgullo de los germánicos se plasmaba en su obsesión impoluta por su eterna búsqueda biológica de la raza pura que el Führer había deseado.
La luz era sofocante, mas radiante que el sol veraniego, en aquel ambiente de estudios, los focos colocados en la pared permitían una perfecta ambientación en las profundidades de la prisión subterránea, todo se encontraba en un perfecto orden, dentro de lo posible, pues en tal habitación existían un sinfín de libros antiquísimos, volúmenes apilados entre si, esperando volver a ser explorados, otros abiertos sobre las mesas trazaban dibujos y símbolos esotéricos de quien sabe que cosa. Sin embargo, las computadoras, los escaneres de pantallas negras con trazos verdosos, con una avalancha constante de datos numéricos que traducía los estudios de la alemana en constantes recordatorios.
Ella se encontraba exhausta, pero nunca lo demostraría en sus perfectas facciones porcelanicas, donde se alzaba lo mas apreciado por la raza aria; piel nívea, brillosa por un maravilloso cuidado ahora en la flor de su juventud. Mirada seria, militarizada, pero de ojos tan celestes como un par de diamantes, sombras negras bajo ellos, ojeras tras haber estado varios días seguidos sin dormir, gajes del oficio, la investigadora lucia una simple camisa blanca, ajustada a su voluptuoso y bien alimentada figura, de cintura pronunciada en un pantalón de tiro alto, donde la gabardina negra permitía la comodidad y la flexibilidad para el movimiento. Detrás de ella, en su espalda, yacía una gabardina negra, que bien recordaba a esos abrigos utilizados por una conocida organización de elite en el ejercito nazi, pero que ahora simplemente era un impermeable abrigo, modificado por ella misma en otros conceptos que ahora no interesaban.
Estaba asqueada ya de alimentarse a compotas y latas de supervivencia, pero todo lo valía, todo aquello tenia singular valor, hace al menos unas semanas, en una expedición de sus empleadores, mutilados volúmenes de trazos indescriptibles para los brutos mercenarios, pero para un cerebro bien entrenado y estimulado en las artes oscuras, solo pocas lunas le costaría hacerse con sus secretos mas importantes, encontrarles utilidad para los Black Coats y continuar. Pero estos momentos donde el experimento; la prueba y el error, y donde mas su interior se nutria de los misterios esotéricos, era simplemente maravilloso.
La Loba sonrió plácidamente, pues como acostumbraba comenzaría a recitar para si misma la maravillosa traducción que había logrado establecer, así mientras presionaba aquel instrumentos pequeño y metálico, se grabaría para el registro.-
Neunter dia... (noveno día)...Los volúmenes numero veinticinco y veintiséis hablan acerca de un ritual improvisado y sencillo para facilitar la teletransportacion de dämonen (demonios) en los distritos del séptimo circulo infernal. Procederé a la prueba empica. Ilse
sagt "Auf Wiedersehen".
-Cortaría finalmente aquella transmisión, para animosamente, colocarse el abrigo de gabardina sobre su cuerpo, sorprendemente, aquella pieza tan inusual, se adheriría a ella como un particular simbionte, pues era una de sus creaciones mas destacadas, aquella que le dio el nombre a la mercenaria organización que bestia los "Black Coats". Rápidamente, extrajo de un metalice maletín que yacía junto a ella, de el extraería su fiel herramienta, su daga, un regalo de uno de sus amantes, suboficial de la SS.
La empuñadura era de ébano marrón oscuro, tiñéndose con pigmentación vegetal negro para darle a la empuñadura un color negro, insertada en el centro de la misma las runas tan conocidas por el pueblo, dentro de un botón redondo pequeño, sosteniéndola una guirnpalda con la esvástica.
La vaina tenia un final negro con capa de laca, pintado de color negro para que coincida con la empuñadura. Tres accesorios de metal, uno en la garganta y en el centro para sostener la cadena con la que Ilse tradicionalmente colgaba en su cinturón, los eslabones eran plateados.
La Loba había mejorado y resguardado su daga con no solo los cuidados tales de un arma blanca, sino también, con las inmundas artes esotéricas que le permitían ejecutar sus rituales con facilidad. Hace ya varios días que había aislado a su cuchillo en el maletín, permitiendole plasmar su conocimiento en tal herramienta, como una extensión mágica de cuerpo, Ilse la desenfundaría con rapidez dejando que la hoja, de acero plateado de 22 centímetros, mostrara el tradicional...
La luz era sofocante, mas radiante que el sol veraniego, en aquel ambiente de estudios, los focos colocados en la pared permitían una perfecta ambientación en las profundidades de la prisión subterránea, todo se encontraba en un perfecto orden, dentro de lo posible, pues en tal habitación existían un sinfín de libros antiquísimos, volúmenes apilados entre si, esperando volver a ser explorados, otros abiertos sobre las mesas trazaban dibujos y símbolos esotéricos de quien sabe que cosa. Sin embargo, las computadoras, los escaneres de pantallas negras con trazos verdosos, con una avalancha constante de datos numéricos que traducía los estudios de la alemana en constantes recordatorios.
Ella se encontraba exhausta, pero nunca lo demostraría en sus perfectas facciones porcelanicas, donde se alzaba lo mas apreciado por la raza aria; piel nívea, brillosa por un maravilloso cuidado ahora en la flor de su juventud. Mirada seria, militarizada, pero de ojos tan celestes como un par de diamantes, sombras negras bajo ellos, ojeras tras haber estado varios días seguidos sin dormir, gajes del oficio, la investigadora lucia una simple camisa blanca, ajustada a su voluptuoso y bien alimentada figura, de cintura pronunciada en un pantalón de tiro alto, donde la gabardina negra permitía la comodidad y la flexibilidad para el movimiento. Detrás de ella, en su espalda, yacía una gabardina negra, que bien recordaba a esos abrigos utilizados por una conocida organización de elite en el ejercito nazi, pero que ahora simplemente era un impermeable abrigo, modificado por ella misma en otros conceptos que ahora no interesaban.
Estaba asqueada ya de alimentarse a compotas y latas de supervivencia, pero todo lo valía, todo aquello tenia singular valor, hace al menos unas semanas, en una expedición de sus empleadores, mutilados volúmenes de trazos indescriptibles para los brutos mercenarios, pero para un cerebro bien entrenado y estimulado en las artes oscuras, solo pocas lunas le costaría hacerse con sus secretos mas importantes, encontrarles utilidad para los Black Coats y continuar. Pero estos momentos donde el experimento; la prueba y el error, y donde mas su interior se nutria de los misterios esotéricos, era simplemente maravilloso.
La Loba sonrió plácidamente, pues como acostumbraba comenzaría a recitar para si misma la maravillosa traducción que había logrado establecer, así mientras presionaba aquel instrumentos pequeño y metálico, se grabaría para el registro.-
Neunter dia... (noveno día)...Los volúmenes numero veinticinco y veintiséis hablan acerca de un ritual improvisado y sencillo para facilitar la teletransportacion de dämonen (demonios) en los distritos del séptimo circulo infernal. Procederé a la prueba empica. Ilse
sagt "Auf Wiedersehen".
-Cortaría finalmente aquella transmisión, para animosamente, colocarse el abrigo de gabardina sobre su cuerpo, sorprendemente, aquella pieza tan inusual, se adheriría a ella como un particular simbionte, pues era una de sus creaciones mas destacadas, aquella que le dio el nombre a la mercenaria organización que bestia los "Black Coats". Rápidamente, extrajo de un metalice maletín que yacía junto a ella, de el extraería su fiel herramienta, su daga, un regalo de uno de sus amantes, suboficial de la SS.
La empuñadura era de ébano marrón oscuro, tiñéndose con pigmentación vegetal negro para darle a la empuñadura un color negro, insertada en el centro de la misma las runas tan conocidas por el pueblo, dentro de un botón redondo pequeño, sosteniéndola una guirnpalda con la esvástica.
La vaina tenia un final negro con capa de laca, pintado de color negro para que coincida con la empuñadura. Tres accesorios de metal, uno en la garganta y en el centro para sostener la cadena con la que Ilse tradicionalmente colgaba en su cinturón, los eslabones eran plateados.
La Loba había mejorado y resguardado su daga con no solo los cuidados tales de un arma blanca, sino también, con las inmundas artes esotéricas que le permitían ejecutar sus rituales con facilidad. Hace ya varios días que había aislado a su cuchillo en el maletín, permitiendole plasmar su conocimiento en tal herramienta, como una extensión mágica de cuerpo, Ilse la desenfundaría con rapidez dejando que la hoja, de acero plateado de 22 centímetros, mostrara el tradicional...