26-30, F
× Heavenly guardian ×
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NV1574672 · M
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El tiempo fluyó tan lento y despacio como la suave brisa que recorría el terreno y hacía menear las ramas de los árboles con su grácil paso. Ya habían pasado diez minutos desde que el hombre de vestimenta rojiza había partido y los guardias se mantenían atentos observando a la mujer que le acompañaba. Inclusive, algunos murmuraban palabras que creían de manera ignorante que la misma fémina poseía un buen oído; el suficiente para escucharlos.— Lo que daría para poder tenerla jadeando en mi cama. —comentó uno de los guardias, concretamente uno que poseía una melena tan larga que salía por detrás del casco.— ¡Lo sé! Mira nada más esa cara... Seguro ruega porque se la metan duro. —respondió el otro hombre. Éste un tanto más mayor por la profundidad que poseía su voz. Y tras las impúdicas murmullos, ambos soltaron unas sonaras risas sentenciando la perversión que poseían; una infinita imaginación donde podían imaginar a la mujer en mil escenarios donde ellos gozaban de su bien dotado cuerpo que se ocultaba tras la armadura incompleta que poseía.
Quince minutos desde que había entrado en la mansión, pero no había señales de Nevan. Los guardias continuaron exhibiendo sus oscuros deseos por un buen rato más, todo culpa del oseo que invadía ante el poco flujo de acción en sus patéticas vidas.— ¿Crees qué sepa dar buenas mamadas? —preguntó entre risas el mayor.— Obviamente sabe hacerlo. Solo mira esos labios; grandes y bien humectados. Seguro le encanta tragarse las vergas. —respondió el otro hombre, elevando la mano a altura de su entrepierna para acariciarla un par de veces por tener una imagen en su mente que había logrado excitarlo.
— Hey, primor. ¿Cuánto cobras la noche? —ya había llegado el descaro a tal grado que no le importó alzar la voz y cuestionar la pureza de Sia. El compañero silbó tras la pregunta, y así mismo, el resto de guardias comenzaron a avivar las llamas del fuego.— ¡Seguro que no te llena el flacucho que te acompaña! ¡Sí, sí! Vente con nosotros y sabrás lo que es un hombre. —múltiples comentarios de esa índole se vieron ofrecidos hacía la mujer como una estampida. No obstante, las morbosidades que despotricaban los guardias llegaron a oídos de Nevan que ya se encontraba saliendo de la mansión.
En ese instante, la sangre le hirvió y, con una velocidad inhumana, se posicionó detrás del que incitó todo para decapitarlo sin ninguna clase de duda. El movimiento había sido tan rápido y precioso que el hombre pudo emitir una media palabra tras parpadear un par de veces. Seguidamente, la cabeza se cayó de lado y la sangre comenzó a salir en un flujo constante hasta quedar en borbotones. En ese momento, el cuerpo se desplomó a un costado de la cabeza. Y, los guardias alarmados, apuntaron las armas hacía Nevan. Y él, tras una sonrisa, comentó.— Sus vidas me pertenecen, "caballeros". Concordé con su jefe que los usaría como más útiles fueran. Y él... —bajó la mirada para observar el cadáver decapitado.— Él será usado como abono; como el costal de estiércol que es. —de no ser por los cascos que portaban los hombres, podría haberse visto como las venas le resaltaban del enojo y sus rostros se teñían de un rojizo color por el enojo que recorría sus cuerpos.
No había sentido permanecer más tiempo ahí. Por ende, el encapuchado caminó hasta su compañera para generar un movimiento con la cabeza para que le siguiera.— Andando. Tenemos trabajo. —añadió tras el ademán, comenzando a caminar y dejando atrás a los inútiles que se hacían llamar Guardia Real.
[/code]Quince minutos desde que había entrado en la mansión, pero no había señales de Nevan. Los guardias continuaron exhibiendo sus oscuros deseos por un buen rato más, todo culpa del oseo que invadía ante el poco flujo de acción en sus patéticas vidas.— ¿Crees qué sepa dar buenas mamadas? —preguntó entre risas el mayor.— Obviamente sabe hacerlo. Solo mira esos labios; grandes y bien humectados. Seguro le encanta tragarse las vergas. —respondió el otro hombre, elevando la mano a altura de su entrepierna para acariciarla un par de veces por tener una imagen en su mente que había logrado excitarlo.
— Hey, primor. ¿Cuánto cobras la noche? —ya había llegado el descaro a tal grado que no le importó alzar la voz y cuestionar la pureza de Sia. El compañero silbó tras la pregunta, y así mismo, el resto de guardias comenzaron a avivar las llamas del fuego.— ¡Seguro que no te llena el flacucho que te acompaña! ¡Sí, sí! Vente con nosotros y sabrás lo que es un hombre. —múltiples comentarios de esa índole se vieron ofrecidos hacía la mujer como una estampida. No obstante, las morbosidades que despotricaban los guardias llegaron a oídos de Nevan que ya se encontraba saliendo de la mansión.
En ese instante, la sangre le hirvió y, con una velocidad inhumana, se posicionó detrás del que incitó todo para decapitarlo sin ninguna clase de duda. El movimiento había sido tan rápido y precioso que el hombre pudo emitir una media palabra tras parpadear un par de veces. Seguidamente, la cabeza se cayó de lado y la sangre comenzó a salir en un flujo constante hasta quedar en borbotones. En ese momento, el cuerpo se desplomó a un costado de la cabeza. Y, los guardias alarmados, apuntaron las armas hacía Nevan. Y él, tras una sonrisa, comentó.— Sus vidas me pertenecen, "caballeros". Concordé con su jefe que los usaría como más útiles fueran. Y él... —bajó la mirada para observar el cadáver decapitado.— Él será usado como abono; como el costal de estiércol que es. —de no ser por los cascos que portaban los hombres, podría haberse visto como las venas le resaltaban del enojo y sus rostros se teñían de un rojizo color por el enojo que recorría sus cuerpos.
No había sentido permanecer más tiempo ahí. Por ende, el encapuchado caminó hasta su compañera para generar un movimiento con la cabeza para que le siguiera.— Andando. Tenemos trabajo. —añadió tras el ademán, comenzando a caminar y dejando atrás a los inútiles que se hacían llamar Guardia Real.