It's au revoir to your insanity. You sold your soul to feed your vanity, your fantasies & lies~ [8]
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SW-User
— Aunque, debo y temo decirle que no podré ayudarle demasiado; es curioso que usted, que cree ferviente y ciegamente en sus dioses, recurra desesperadamente al peor medio de todos. ¿Qué tan violenta será la ira que desatará en sus propios dioses tras recurrir a Ghaaya? —Y aunque su pregunta llevaba la seriedad correspondiente, esas ácidas notas de picardía, de burla e hipocresía se podían notar perfectamente en su voz; porque adoraba desafiar las ideologías de los demás para llevarles al punto crítico que tanto quería: No existía Dios alguno que pudiera ser tan benevolente como la suya pero, a su vez, tampoco existía una razón para ser devotos de fuerzas que jugaban a su antojo con la vida de otros— Rey Darthio, ¿por qué tiene que ser tan hostil ante mí?
Aquella pregunta causó cierta desorientación en el monarca, así como aquel anciano que estaba, en su momento, de pie junto al asiento donde permanecía. Entre ambos hombres se miraron, pero sus ceños fruncidos delataron la desconfianza que no solamente les había causado la actitud de Khalil, sino también esas palabras que no se medían en trato alguno ¡¿Cómo osaba hablarle de una forma tan despectiva, coloquial y vulgar a un regente como él?! ¡Uno que era bendecido por los Dioses y tenía el poder suficiente para aplastarlo allí mismo! Y eso era lo que haría, porque un movimiento de su mano bastó para obtener la atención de uno de sus fieles vasallos que abrió la puerta principal para permitir el acceso de dos guardias con lanzas; mero deseo del rey de sentirse más seguro ante alguien que siguiera, en esos momentos, llevaba un arma.
— Tu insolencia ha ido demasiado lejos, muchacho. Bien ciertos son los rumores que giran en torno a ti; no eres más que un mundano ser que existe en este mundo, uno al cual yo mismo pondré fi…
— ¿Fin? ¿Para mí? Ja, ja… JA, JA, JA —El cinismo fue evidente en su voz, en la manera que su cuerpo rompió la formación regia que su postura le había dado, y es que no tardó en encorvarse ligeramente hacia el frente para tratar de contenerse la risa ante la mirada atónita de los cuatro hombres ya reunidos allí. Especialmente ante la forma que los dos soldados se miraban antes de animarse a acercarse o retroceder, pero siempre apuntando el filo de sus lanzas hacia el bastardo de rubio cabello como el sol— Ah, Darthio, no me había reído así de bien en años. Así que te compensaré, te hablaré de la mujer blanca que será tu fortuna o tu perdición. —Sus palabras recuperaron ese tono firme una vez que logró respirar, cuando su escandalosa risa murió entre la seriedad y la angustia que nació allí. ¿Cómo era posible que él pudiera decir semejante barbaridad? Es decir, podía inventarse cualquier cosa que decir pero, la forma tan serena y determinada en que se mostraba, le dio cierta tranquilidad a los guardias y al rey, por lo que los primeros regresaron fuera de la habitación.
— Háblame de esa mujer blanca. ¿Qué relación tiene ella con mi futuro? —Preguntó Darthio mientras que le incitaba a acercarse con un movimiento de su diestra. Aunque no fue imperceptible el movimiento que notó en los ojos carmín de su invitado: Miraba a su segundo hombre, al que solía hacerle consejos en momentos desesperados como ese. Así que amablemente le pidió abandonar la habitación— Habla, te escucho. Y has que el tiempo perdido recobre su valía con esta información.
— Espero que sea consciente del precio que para mí y para ti representa revelar el futuro, hombre necio. —Desafiante, como siempre, Khalil cortó la distancia hasta plantarse a unos cuantos pasos del trono— Una mujer blanca vendrá a solicitar una audiencia ante ti, tiene motivos de sobra para formalizar una alianza contigo o aplastarte en el intento; porque esta mujer es alguien con quien desearás contar durante las bienaventuranzas y las calamidades. Ella… Puede ser la salvación de Dryahall o tú perdición.
Khalil se contuvo la risa al morderse los labios; la expresión del rey era digna de retratar en su memoria para reírse a futuro de ello. Volvió a caminar, hasta que se plantó a un costado del trono donde extendió su mano hacia el varón allí postrado. De su diestra, nació un brillo dorado que le dio forma a un libro pequeño, bastante maltratado por el paso del tiempo pero que permaneció “levitando” sobre el interior de su palma.
Aquella pregunta causó cierta desorientación en el monarca, así como aquel anciano que estaba, en su momento, de pie junto al asiento donde permanecía. Entre ambos hombres se miraron, pero sus ceños fruncidos delataron la desconfianza que no solamente les había causado la actitud de Khalil, sino también esas palabras que no se medían en trato alguno ¡¿Cómo osaba hablarle de una forma tan despectiva, coloquial y vulgar a un regente como él?! ¡Uno que era bendecido por los Dioses y tenía el poder suficiente para aplastarlo allí mismo! Y eso era lo que haría, porque un movimiento de su mano bastó para obtener la atención de uno de sus fieles vasallos que abrió la puerta principal para permitir el acceso de dos guardias con lanzas; mero deseo del rey de sentirse más seguro ante alguien que siguiera, en esos momentos, llevaba un arma.
— Tu insolencia ha ido demasiado lejos, muchacho. Bien ciertos son los rumores que giran en torno a ti; no eres más que un mundano ser que existe en este mundo, uno al cual yo mismo pondré fi…
— ¿Fin? ¿Para mí? Ja, ja… JA, JA, JA —El cinismo fue evidente en su voz, en la manera que su cuerpo rompió la formación regia que su postura le había dado, y es que no tardó en encorvarse ligeramente hacia el frente para tratar de contenerse la risa ante la mirada atónita de los cuatro hombres ya reunidos allí. Especialmente ante la forma que los dos soldados se miraban antes de animarse a acercarse o retroceder, pero siempre apuntando el filo de sus lanzas hacia el bastardo de rubio cabello como el sol— Ah, Darthio, no me había reído así de bien en años. Así que te compensaré, te hablaré de la mujer blanca que será tu fortuna o tu perdición. —Sus palabras recuperaron ese tono firme una vez que logró respirar, cuando su escandalosa risa murió entre la seriedad y la angustia que nació allí. ¿Cómo era posible que él pudiera decir semejante barbaridad? Es decir, podía inventarse cualquier cosa que decir pero, la forma tan serena y determinada en que se mostraba, le dio cierta tranquilidad a los guardias y al rey, por lo que los primeros regresaron fuera de la habitación.
— Háblame de esa mujer blanca. ¿Qué relación tiene ella con mi futuro? —Preguntó Darthio mientras que le incitaba a acercarse con un movimiento de su diestra. Aunque no fue imperceptible el movimiento que notó en los ojos carmín de su invitado: Miraba a su segundo hombre, al que solía hacerle consejos en momentos desesperados como ese. Así que amablemente le pidió abandonar la habitación— Habla, te escucho. Y has que el tiempo perdido recobre su valía con esta información.
— Espero que sea consciente del precio que para mí y para ti representa revelar el futuro, hombre necio. —Desafiante, como siempre, Khalil cortó la distancia hasta plantarse a unos cuantos pasos del trono— Una mujer blanca vendrá a solicitar una audiencia ante ti, tiene motivos de sobra para formalizar una alianza contigo o aplastarte en el intento; porque esta mujer es alguien con quien desearás contar durante las bienaventuranzas y las calamidades. Ella… Puede ser la salvación de Dryahall o tú perdición.
Khalil se contuvo la risa al morderse los labios; la expresión del rey era digna de retratar en su memoria para reírse a futuro de ello. Volvió a caminar, hasta que se plantó a un costado del trono donde extendió su mano hacia el varón allí postrado. De su diestra, nació un brillo dorado que le dio forma a un libro pequeño, bastante maltratado por el paso del tiempo pero que permaneció “levitando” sobre el interior de su palma.
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