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It's au revoir to your insanity. You sold your soul to feed your vanity, your fantasies & lies~ [8]
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SW-User
La rapidez con la cual las palabras solían extenderse entre los reinos, era aún mayor que aquella empleada por una mecha para encender la pólvora de cañones durante las fieras batallas; incluso podía compararse con lo efímero que podía ser la vida de las personas dentro y fuera de Ghaaliya. Pero, para Khalil, aquella velocidad impuesta en los rumores que se cernían sobre él solamente servía para una cosa: Aumentar la leyenda que rondaba su ser y hacerse conocer entre los diversos reinos vecinos.

Era bien sabido que en aquella tierra de Dioses, donde el presente, el pasado y el futuro ya habían sido escritos; existía un ser rebelde que se atrevía a desafiar incluso los mandatos de aquello que estaba por encima de su poder, de su intelecto y de sus límites. Quizás era aquella irreverencia la que lo había convertido en una leyenda popular, como él solía llamarse ante la gracia que le causaba el hecho que durante meses estuviera en boca de todos: Los sabios de su tierra, los hombres de confianza del Sultán, Mukhtar y los cientos de hombres que tenía a su servicio; mercaderes locales y extranjeros. Khalil, más que ser el vocablo usado para referirse a alguien cuyas habilidades en el campo social le convertían en el mejor amigo que se podía tener, estaba convirtiéndose lentamente en el sinónimo del destino.

Y estaba sorprendido realmente de que el Rey de Dryahall, Darthio, le hubiese extendido una invitación para acudir a una audiencia real. No sé lo había esperado, porque justamente la semana pasada, Mukhtar, el hijo mayor del Sultán, regresaba de un largo viaje realizado hasta aquellas tierras entre las montañas. La comitiva de su medio hermano, como le llamaba de vez en cuando durante sus encuentros en público, regresaba gloriosa de obtener los resultados que tanto habían deseado: No llevar a Ghaaliya a una batalla y hacerle entender a Darthio que la Diosa Hadir y sus hermanas no deseaban una batalla entre aquellas naciones porque, esa clase de enfrentamientos, no estaban escritos en los libros de vida de los Ghaaliyenses.

Jooh. Qué interesante es esto —Khalil murmuró en una voz medianamente baja, pues no tuvo necesitar alguna de emplear un tono elevado ya que las proporciones de aquella habitación ampliaban su tono de voz; y, junto con ello, su mirada carmesí recorría atenta cara uno de los rincones de aquella edificación. El lujo era visible donde quiera que mirase, la arquitectura era envidiable pero la de Ghaaliya era superior con aquellos vitrales donde el sol se asomaba para acariciar sus colores y plasmar, de una forma más viva, las historias que narraban el nacimiento de su pueblo. Fue entonces que avanzó un par de pasos más, haciendo que el sonido de sus sandalias fuese lo único que tuviera vida y voz durante instantes, aunque se detuvo cuando la mirada del rey se posicionó sobre sí mismo.

El reto que se le plantó, en la expresión dubitativa del rey, fue evidente para él solo que, a diferencia de lo que cualquier protocolo real hubiese indicado, Khalil permaneció reacio a bajar la mirada de aquel encuentro y, por sobre todo, a realizar caravana alguna para ofrecer sus respetos a uno hombre que, en su estúpido y personal criterio, le invitara a venir más como una obligación que un deseo. Fue allí que, después de unos instantes de reflexión interna, el tercer hijo de Ghaaliya se atrevió a cruzar los brazos frente a su torso, donde se permitió acariciar la fina tela del chaleco que vestía en la parte superior. Aunque, de toda expresión altanera que se le ocurrió hacer en aquel momento, la única que terminó por manifestar fue una sonrisa llena de burla y desafío.

Rey Darthio, jamás pensé que tendría la osadía o, mejor dicho, la estupidez de permitirle a un bastardo el sostener una audiencia con usted. Es más, ¿quién diría que se rebajaría de este modo? —Intentó no reírse, aunque lo deseaba y para ello se tuvo que morder la punta de la lengua mientras fingía una sonrisa sosa—. Pero vamos, lo entiendo bien —Asintió varias veces mientras que cerraba los ojos. Quería demostrar que se encontraba pensando profundamente en los motivos que aquel rey tenía para invitarle a una reunión con tanta urgencia aunque, claro, Khalil ya sabía la única razón que podía existir desde antes de poner un pie dentro de la ciudad de Dryahall; incluso desde antes que las enormes puertas le fuesen abiertas sólo con decir su nombre. Dhartio quería conocer lo que deparaba el futuro para él, cuán grande sería su nombre durante los años venideros y... Cuándo y cómo sería la muerte que los Dioses habían destinado para alguien de su grandeza.


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