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SeikichiTanizaki · M
una impotencia que no podría jamás procesar, no podría procesarla porque ante semejante continuidad de acciones solo quedaba la emoción del abismal miedo ¿En eso se convertiría? En eso podía convertirlo ¿Como? ¿Con una mirada a esos ojos rojos del Jigoku? Lleno de impotencia el Maestro caminó hacía él, sus pasos eran lentos, como si fuese un instante de duda entre los movimientos de sus zapatos.
¿Qué le hiciste, monstruo? Era un anciano, un pobre hombre ¿Tanta es tu crueldad, tanta es tu violencia ante los demás? Su vida, su historia, sus memorias, su alma misma te atreviste a corromper. Crisis violenta en cuyo transcurso el Maestro, al experimentar la situación de oscuridad extrema como un peso definitivo, como una trampa que le pusó el demonio de la que no podrá jamás salir, se dedica a una destrucción total de sí mismo.
¿Qué le hiciste, monstruo? Era un anciano, un pobre hombre ¿Tanta es tu crueldad, tanta es tu violencia ante los demás? Su vida, su historia, sus memorias, su alma misma te atreviste a corromper. Crisis violenta en cuyo transcurso el Maestro, al experimentar la situación de oscuridad extrema como un peso definitivo, como una trampa que le pusó el demonio de la que no podrá jamás salir, se dedica a una destrucción total de sí mismo.
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