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[Continuación.] -La ráfaga de aire echaba su cabello hacia atrás, los ojos se cerraron como si fuera una especie de hippie aprovechando el bello gusto de la naturaleza que resalta entre tanto panorama urbano.
 
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físico, como podía significar el irezumi.

¿Cómo se puede destruir a alguien? Tal vez el Maestro imaginaba una forma de hacer arte del sufrimiento de demonios, como si fuese una especie de “subida de nivel” para su capacidad de hacer retorcer a seres más peligrosos que esté nipón veinteañero ¿Qué diferencia había entre los yakuzas mal hablados y un demonio igual de retrasado? Los dos sacaban su arma, te apuntaban a la cabeza y <<¡Bang, Bang, estás liquidado, Seikichi>>. No había mucha mística en ese riesgo, no al menos para el tatuador.

¿Más privacidad? ¿No quieres meterte a mí cama, también? Le comentó envalentonado, pues el alcohol había mellado sus sensibles sentidos con más facilidad de la esperada, se levantó tras exhalar un suspiro y para la sorpresa, dedicó una pequeña reverencia al anciano que atendía el lugar por tener que soportar a quizás sus dos más excéntricos clientes.

Taihen omatase shimashita. Mencionó en genuina disculpa y dirigió su mirada..
 
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