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Haces de la alguna vez alba grababan junto a la sombra del poco repetido, pero no por eso empobrecido follaje un patrón que, meciéndose por mor del suspiro de la tarde, hacían del reposo so tal penumbra una dicha disfrutable y única. El silencio humano era exquisito, abundante, excesivo…, tétrico. La causa era desconocida de tamaña mudez. Tal vez… De pronto, el silente estado del silencio se vio acallado por una panda de tres seres de aparente jóvenes en un mayúsculo estado alterado.
—¡Oh! ¡Mirá namás! Pero ¿qué tenemos aquí? [1/4]
 
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AleisterMayfield · 26-30, M
¿Qué habría causado la ausente intromisión de las demás personas en aquel escenario? ¿Sería acaso una muestra patente del efecto espectador? ¿Habría quizás una regente intimidación sentenciada desde antes de mi intrusa visita?, entre poco más, preguntó a sí mismo.
No regresó a sí sino hasta que palpando su costado se encontró con el volante con que se le había recibido —entre otros— hace tiempo atrás.


Lugar al que, inadvertidamente y al mismo tiempo, había por fin llegado. Y al que, al levantar la vista, quizás por su instinto o quizás por el anuncio al lado de él que anunciaba la ciudad con gran rotulado, supo que había llegado a su destino. [4/4]
 
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