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Haces de la alguna vez alba grababan junto a la sombra del poco repetido, pero no por eso empobrecido follaje un patrón que, meciéndose por mor del suspiro de la tarde, hacían del reposo so tal penumbra una dicha disfrutable y única. El silencio humano era exquisito, abundante, excesivo…, tétrico. La causa era desconocida de tamaña mudez. Tal vez… De pronto, el silente estado del silencio se vio acallado por una panda de tres seres de aparente jóvenes en un mayúsculo estado alterado.
—¡Oh! ¡Mirá namás! Pero ¿qué tenemos aquí? [1/4]
 
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AleisterMayfield · 26-30, M
—¿Que te has caído, uh? —añadió su colega dibujándosele una sonrisa estúpida de belfos irritados—. Habrá que ayudarlo.
El tercero, de más nefasto talle, ahí relegado, asaz ansioso de participar emitía una putrefacta risa cada segundo que se le ocurría, confiado de su compañía aseguradora. Las tres figuras enfermizas rodeaban bufones más y más cerca de un pequeño abra aturdido que por descuido de su estado somnoliente había caído de un árbol al que se había transportado.
—¿Qué hiciste para que te olvidarán aquí? ¿Je? —arremetió extasiado el primero mientras pisaba la cola de la aterrada criatura, entonces chasqueó la lengua—. ¡No eres más que un despreciable bestia!
La tarde caía, el tenso vendaval apretaba; mientras tanto el protervo levantó su pierna hacia atrás preparando una bien cargada patada…
—Oigan… —pronunció sin arte ni adorno desde el inmediato detrás del presumible líder de aquel grupo. [2/4]
 
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