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AemondTargaryen · 31-35
Mierda, la palabra mágica: jefe. Se detuvo y soltó un suspiro resignado, para quedar de perfil ante ella.
No tenía opción, debía voltear. Si bien de lado sus facciones eran afiladas, cuando se puso de frente le mostró que de esa forma era mucho más atractivo; sus defectos eran disimulados de esa manera.
Allí su ojo se encontró con los ajenos. Intento disimular su atracción por ella con desinterés.
— Me llamo Aemond. — Sabía cómo lo llamaban: "El tuerto"; ya estaba acostumbrado. Era después de todo una característica inusual y obvia.
No tenía opción, debía voltear. Si bien de lado sus facciones eran afiladas, cuando se puso de frente le mostró que de esa forma era mucho más atractivo; sus defectos eran disimulados de esa manera.
Allí su ojo se encontró con los ajenos. Intento disimular su atracción por ella con desinterés.
— Me llamo Aemond. — Sabía cómo lo llamaban: "El tuerto"; ya estaba acostumbrado. Era después de todo una característica inusual y obvia.
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