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AemondTargaryen · 31-35
No salió de su escondite con la misma actitud despreocupada. Estaba cohibido, al grado de que no podía hacer contacto visual. Había estado inmune a las mujeres hermosas de ese sitio hasta encontrarse con ella... Era demasiado hermosa.
Aceptó su mano y se levantó, superando su estatura con la propia de forma considerable. Tenía el cabello albino atado en una cola de caballo en la nuca, así como un parche en uno de sus ojos.
No la miraba en lo absoluto.
— Todo listo, me voy. — Respondió tajante. Tomó una pequeña caja de herramientas sobre la mesa y ya se giraba para irse.
Dioses, ¿Quién era ella?
Aceptó su mano y se levantó, superando su estatura con la propia de forma considerable. Tenía el cabello albino atado en una cola de caballo en la nuca, así como un parche en uno de sus ojos.
No la miraba en lo absoluto.
— Todo listo, me voy. — Respondió tajante. Tomó una pequeña caja de herramientas sobre la mesa y ya se giraba para irse.
Dioses, ¿Quién era ella?
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