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AemondTargaryen · 31-35
Al fin un poco de paz. Ignorante de quién era su salvadora continuó con su trabajó: desconectar, enrollar, conectar. Cada cable lo volvía un círculo y aseguraba la forma con una tira de plástico.
— No tardaré mucho. — Respondió. Movió un poco sus pies, calzados en botas estilo militar; una de ellas tenía los cordones desatados. Su pantalón tenía el mismo estilo, en un color verde oscuro; había muchas bolsas en este, seguro con herramientas pequeñas para su trabajo.
Por alguna razón (y ese fue su peor error) miró hacia la silla ocupada. No pensaba hacerlo demadiado, hasta que vio un par de perfectas piernas allí.
Se golpeó la cabeza en la mesa al ponerse nervioso e intentar salir de allí al terminar.
— No tardaré mucho. — Respondió. Movió un poco sus pies, calzados en botas estilo militar; una de ellas tenía los cordones desatados. Su pantalón tenía el mismo estilo, en un color verde oscuro; había muchas bolsas en este, seguro con herramientas pequeñas para su trabajo.
Por alguna razón (y ese fue su peor error) miró hacia la silla ocupada. No pensaba hacerlo demadiado, hasta que vio un par de perfectas piernas allí.
Se golpeó la cabeza en la mesa al ponerse nervioso e intentar salir de allí al terminar.
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