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xKaalia · 31-35, F
su CV simplemente en todo caso? A Kaalia todo aquello le parecía extraño, lo era. Pero bien siguió al chico, si de por si ya el lugar lucia exclusivo, ella fue guiada a una zona al fondo, una que se diferenciaba de todo, más privada.

La música se fue volviendo más baja a medida que avanzaba, hasta que por fin distinguió a la rubia en una de las mesas junto con otra mujer de castaño cabello, Dillinger, seguramente.

"Ha llegado su invitada. Con su permiso" Dijo el hombre con una reverencia cordial a la mujer, retirándose enseguida. "Ha sido un placer, disfrute la noche"

Kaalia miró al chico partir sin gesto alguno, salvo una venia del rostro, volviendo ahora la mirada hacia Antoniette, sobre todo.

Buenas noches —dijo. Sin saber que ese sería el comienzo de un nuevo camino turbio.
xKaalia · 31-35, F
al andar, no era para menos, pues su atuendo lo exigía: Vestido negro entallado por encima de las rodillas, escote en la espalda a mangas largas y contada joyería adornando su muñeca derecha. El abrigo beige cubría su vestido aún, ya dentro se despojaría de éste.

Apenas llegó a la entrada fue detenida "Me espera dentro Antoniette Viácheslav" El sujetó comunicó aquello y pronto le dieron acceso. El jazz suave y en vivo se hizo de sus oídos cuando las puertas de fina caoba se abrieron, el rojo imperaba en la tapicería, paredes e iluminación en general. Kaalia miraba todo cuanto podía al avanzar por el enorme sitio, un hombre mayor tras la barra le miró, imposible pasarlo desapercibido, sobre todo al ver que éste daba indicaciones a un chico de servicio, mismo que fue hacia ella pasados los segundos "Le indicaré el camino, Señorita, la señora le espera"
Kaalia asintió ¿por qué una entrevista de trabajo resultaba tan ostentosa? ¿No podía haber enviado(...)
xKaalia · 31-35, F
La cita era clara: 7:00pm, sin embargo ella llegó media hr antes sin entrar al, según Antoniette, muy afamado bar, ese que ostentaba un título casi de película "The Sad Queen" Su fachada era de por si llamativa, lujosa y por lo que veía se trataba de un sitio casi exclusivo, con una falsa pinta pública.
Observaba desde la otra calle, discreta. Lujosos autos aparcaban y de ahí salían personas llamativas, desde hombres con vestimentas pulcras hasta mujeres de cuerpos esculturales y entallados vestidos, hacia mucho tiempo que no se involucraba en un ambiente así desde que se había alejado de los Vipers.

Estaba lejos de casa, demasiado, aquel bar se situaba al sur de la ciudad, viviendo ella al norte. Era una oferta de trabajo que no podía desperdiciar, no cuando la misma Antoniette le había recomendado con quien hoy conocería: Domenica Dillinger.

Pasados los minutos cruzó la calle, se ajustó el abrigo y ordenó su cabello, hoy las zapatillas hacían ruido (...)

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