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LorraineKnight · 31-35, F
Segunda hora después de su transformación. Ya era la segunda hora y realmente no lograba ubicarse, no lograba recordar lo que tenía que hacer aparte de buscar ropa y no andar desnuda en medio de toda la ciudad. Ya era la segunda hora y todavía tenía los sentidos demasiado sensibles a cualquier sonido u olor que llegaba a ella. Después de todo ser una loba traía ciertos efectos secundarios cuando volvía a ser una pelirroja más. Cuando volvía a ser Lorraine Knight, la hija mayor de los reconocidos cazadores. Había estado caminando, perdida y al inicio sin siquiera recordar su propio nombre y cuando estuvo al borde del desquicio este le vino a la cabeza como un repentino golpe. Eso no logró que se tranquilizara en su totalidad. Sabía que tenía que hacer algo, lo tenía dentro de sí como si fuera un sabor amargo en su paladar incapaz de desaparecer.
Pero, ¿qué? ¿Qué era? Tal vez... tal vez buscar un... un... ¡Refugio! La palabra que su cabeza, hecha todo un remolino de sensaciones, ideó trajo consigo nítidos pero rápidas imágenes de toda la manada de Paul. Todos reuniéndose en la caza del alpha Paul. Ahí debía ir, a buscar refugio para sentirse segura de cualquier cazador que quisiera su cabeza. Apresuró su caminata y con los sentidos lobunos que aún le quedaban, alzó el rostro y olió en busca del familiar olor de la casa de Paul, el olor a lobo, a almizcle y a... calor. No tardó demasiado en encontrarlo y con un humor mucho más tranquilo y animado caminó hacia aquel olor. Curveó esquinas, esquivó a personas, siempre evitando el contacto visual y tras varios minutos de caminata se detuvo por unos segundos con el miedo de que sus sentidos la estuvieran fallando. En realidad podía oler demasiadas cosas... muchas. Cerró los ojos para concentrarse pero esta se quebró cuando la voz de alguien le interrumpió. Pestañeó varias veces e hizo contacto visual humano, por primera vez en meses, con un... chiquillo. Ladeó el rostro como un cachorro sin entender. A su primera interrogante y a la segunda respondió casi sin dudar ya que quería escuchar su propia voz perdida en la mente lobuna.
—Lorraine ¿Tú quién eres?
¿Era momento para ser amable? Bueno... ella siempre solía serlo. Esperó paciente su respuesta.
Pero, ¿qué? ¿Qué era? Tal vez... tal vez buscar un... un... ¡Refugio! La palabra que su cabeza, hecha todo un remolino de sensaciones, ideó trajo consigo nítidos pero rápidas imágenes de toda la manada de Paul. Todos reuniéndose en la caza del alpha Paul. Ahí debía ir, a buscar refugio para sentirse segura de cualquier cazador que quisiera su cabeza. Apresuró su caminata y con los sentidos lobunos que aún le quedaban, alzó el rostro y olió en busca del familiar olor de la casa de Paul, el olor a lobo, a almizcle y a... calor. No tardó demasiado en encontrarlo y con un humor mucho más tranquilo y animado caminó hacia aquel olor. Curveó esquinas, esquivó a personas, siempre evitando el contacto visual y tras varios minutos de caminata se detuvo por unos segundos con el miedo de que sus sentidos la estuvieran fallando. En realidad podía oler demasiadas cosas... muchas. Cerró los ojos para concentrarse pero esta se quebró cuando la voz de alguien le interrumpió. Pestañeó varias veces e hizo contacto visual humano, por primera vez en meses, con un... chiquillo. Ladeó el rostro como un cachorro sin entender. A su primera interrogante y a la segunda respondió casi sin dudar ya que quería escuchar su propia voz perdida en la mente lobuna.
—Lorraine ¿Tú quién eres?
¿Era momento para ser amable? Bueno... ella siempre solía serlo. Esperó paciente su respuesta.