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Jacques1567581 · 26-30, M
Antes que otra cosa, Jacques era una criatura de la noche afamada por los tiempos de la todavía lejana Gehena. Un vampiro de la Séptima Generación de Cainitas representa no solo un monstruo sin igual en depredación, depravación y destrucción sino también de cautela entre el Alto y Bajo mundo de los vampiros, si un rebelde como él ha vivido tanto hasta el punto de ser un autarca es que ante nada sabía controlar (o saber cuando dejar llevar a la Bestia que en su interior habita).
La cercanía pudo de haber sido terrible, pues el Auspex delató como el vitae reclamaba ser saciado tortuosamente, los ojos amarillos de aquel Toreador parecían pronunciarse incrédulos. La Bestia quería consumir a otro vampiro ¿Como era eso posible? No podía asumir que deseaba caer bajo quien sabe que subterfugio que esa vampiresa pudiera tener, el impulsivo rizado caballero extraería de su bolsillo la afilada cuchilla de la noche, brillosa hoja de acero que ante la cercanía nada necesitaría más que acariciar con su punta el vientre ajeno. No tenía intención de herirla ni matarle, pues de haberlo querido hubiera utilizado una disciplina de las que tanto le fascinaban.
Todavía siente esa infame pulsación en su cuerpo no-vivo, al punto que tiene que alejar el rostro y la boca de afilados colmillos. Ni en la Camarilla, ni en el Sabbat ha visto tales modos ni modales provenientes de una desconocida, ni el uso del poder que casi ha logrado que destruya el acuerdo de silencio que existe en los modos vampiros.
Tgamposa... Intentas engañagme con eso... Dijo en voz alta, mientras se alejaba guardando a aquel cuchillo.
Tienes podeg... ¿Vienes a quegeg este teggitogio? Tu mansión ¿Donde está?
La cercanía pudo de haber sido terrible, pues el Auspex delató como el vitae reclamaba ser saciado tortuosamente, los ojos amarillos de aquel Toreador parecían pronunciarse incrédulos. La Bestia quería consumir a otro vampiro ¿Como era eso posible? No podía asumir que deseaba caer bajo quien sabe que subterfugio que esa vampiresa pudiera tener, el impulsivo rizado caballero extraería de su bolsillo la afilada cuchilla de la noche, brillosa hoja de acero que ante la cercanía nada necesitaría más que acariciar con su punta el vientre ajeno. No tenía intención de herirla ni matarle, pues de haberlo querido hubiera utilizado una disciplina de las que tanto le fascinaban.
Todavía siente esa infame pulsación en su cuerpo no-vivo, al punto que tiene que alejar el rostro y la boca de afilados colmillos. Ni en la Camarilla, ni en el Sabbat ha visto tales modos ni modales provenientes de una desconocida, ni el uso del poder que casi ha logrado que destruya el acuerdo de silencio que existe en los modos vampiros.
Tgamposa... Intentas engañagme con eso... Dijo en voz alta, mientras se alejaba guardando a aquel cuchillo.
Tienes podeg... ¿Vienes a quegeg este teggitogio? Tu mansión ¿Donde está?