El rubio caminó por el lugar intentando aguantar las burlas que hacía el dueño del negocio. Ambos chicos tomaron asiento en una mesa cerca de la ventana, a la izquierda de la entrada principal.
─ Yo sé que solo bromean. Es solo que... me da nostalgia. ¿Sabes? Desde que me volví alquimista nacional y he estado de ciudad en ciudad resolviendo crímenes, hacía mucho que nadie bromeaba con mi estatura... ─ lo que era una expresión pesarosa se volvió una risueña; no sería nada raro que le tacharan de bipolar por el cambio tan drástico.
─ No sabes lo mucho que me alegra estar aquí, contigo, en este lugar. No sé exactamente cuánto tiempo me quedaré, pero quiero disfrutarlo al máximo.