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26-30, F
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DoroboNeko · 22-25, F
Si alguien le preguntara a la navegante "¿Qué es la felicidad?", ella sin duda respondería el nombre de aquella marin. Y es que, desde que la conoció, Nami no había sido más que feliz, desde las miradas cómplices, los roces de manos discretos y hasta aquellos encuentros secretos, la navegante no había experimentado más que dicha y felicidad.

Y esa noche no sería la excepción, primero al aceptar su promesa y después al sorprenderla con aquel precioso anillo. Ahora en su dedo anular brillaba la promesa de un futuro juntas, un futuro que anhelaba se volviera realidad tan pronto como fuera posible.

Abrazó a la peliazul rodeandole el cuello con los brazos y correspondió aquel beso, lo hizo de forma lenta, profunda, apasionada, cariñosa; plasmo contra los labios todos aquellos sentimientos que tenía por la marin.

Inclinó su cuerpo hacia ella para recostarla nuevamente sobre la cama, sin interrumpir el beso, fue quitandole la ropa. Botón a botón le abrió la blusa aprovechando el recorrido para acariciarle la piel, los perfectos y abundantes senos. Un beso, dos besos, tres besos más hasta que se separó ligeramente de aquellos labios.

- Acepto.

Comentó entre risas, alzó la mano donde brillaba aquel anillo y le sonrió a la marin dejando un casto beso en sus labios.

- Tienes prohibido arrepentirte, y si lo haces, recuerda que soy pirata. Robo lo que quiero y obtengo lo que deseo. ¿Entendido?

Le hizo un coqueto guiño antes de volver a besarle los labios. Quería hacerla suya nuevamente, pero ¡Dios! estaba embelesada en ella, quería demostrarle de la forma más dulce el amor que sentía por ella pero también quería ser salvaje por la pasión que sentía, bendita ambivalencia.

Las manos de la navegante desnudaron el torso de la marin. Primero le quitó la blusa y después el sostén. Se limitó a seguir besandola y acariciándola, con la punta de sus dedos, rasguñando suavemente la erección de los pezones ajenos.

- Tu también Tashi, tocame.

Guió la mano de su mujer hacia su pecho para invitarla a continuar con ese ritual de caricias que habían empezado hacía unos minutos.