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AkiyamaMasao · 100+, M
Resignado, meramente fueron vestigios antediluvianos. Vastos infames mitos solo para que resultara en un fraude titánico. No esperó nada de esos seres “solemnes” y aún así termino decepcionado, tantos panegíricos para que al final sus Dioses “todopoderosos y perfectos” tuvieran más similitudes al avestruz que a un propio celestial.
Resolló iracundo, en su semblante se esculpía el descontento, atisbarlo era todo un poema.
Abandonó la idea de abrir su mente, irónicamente con anterioridad hasta los escaldos con su labia lograron hacerlo fluctuar. Inacabables proezas, inconmensurables hazañas... Fueron tantas apologías ilusorias de esos seres que involuntariamente habían calado en lo intrínseco de su alma colmada de protervia.


–Sveengard, al final no fuiste más que un nombre vacío utilizado por los mortales, todo porque los débiles suecos deben pensar que existe alguien superior por su complejo hereditario de inferioridad.

Exclamó, la altivez en esos vocablos era profusa, la supremacía se palpaba a leguas.
Espiritual y físicamente él sentía una especie de diferencia con todos, un abismo que lo distanciaba del resto; recibir un fragmento de aquel poder no solo le desató una desenfrenada esquizofrenia si no una actitud arrogante y dictadora.
Se fue acercando con parsimonia a una de las velas que estaba posicionada estratégicamente en una de las esquinas de su amplio aposento, eran cuatro y se encontraban en tales puntos para que el fulgor fuera tenue en el centro y el entorno tuviera una atmósfera sombría.
Sus ojos violetas opacos se encadenaron a la pequeña llama del blandón y admiro como la cera se iba derritiendo como sus esperanzas en humillar a los frágiles arquetípicos del mundo de los hombres.

– Chicos, ahora que los nórdicos huyen de mí... ¿Tendré que ir a ver si los Olímpicos tienen por lo menos la dignidad de presentarse en estos condominios?

Fue una pregunta para los seres que supuestamente “moraban a su alrededor”, esos que días y noches le viven dialogando, ya sea en un dialecto terrenal o cósmico.
La respuesta de ellos no se hizo de esperar y bombardearon su actual hogar con afirmaciones tajantes. Exigiendo que el japonés no debe pausar su travesía y lograr esos arcanos propósitos.

Su kimono púrpura y hakama gris ya clamaban sorber nuevamente sangre, embriagarse de ese líquido carmín tan deleitante y único. No muy diferente era el sentimiento de su Kuroi bara que yace envainada entre el cinturón obi al lateral de su cintura.


– Mí amada katana, es una lastima que aún no te doy de comer. Disculpa, es que las divinidades mundanas de Asgard se ocultaron de mí sublimidad. Más no es del todo su culpa, ningún ser con tres dedos de frente vendría a mí alcázar a morir.

Se dio la vuelta y fue caminando hacia la puerta hasta que su gata se deslizo por sus piernas y cariñosamente rodaba. Alguien normalmente diría que anda en celo, pero uno de los motivos de tal comportamiento es la fragancia dulce y seductora que expele naturalmente de sus poros Akiyama, esa que tenía bañado su ordinario hogar, el perfume en primeras impresiones se notaba de rosas, jazmín y petricor; mismo que había asaltado el cuarto con ese olor tan exótico y que despertaba los instintos primitivos/lujuriosos de tanto hombres, mujeres y animales.