Fue entonces que Alastair tomó un profundo respiro y miró a los ojos a Riku, sus ojos tan carmín como los de ella, mientras estiraba su mano y brazo, notándose la palma enorme de este, que emanaba calidez y energía, una que quizá ella podría notar como familiar.
— La persona con la que pasé el último siglo, viajando entre planos, luchando contra el mal, y creciendo como familia, ahora vive dentro de ti. Akasha eres tú y tú eres Akasha, es posible que ella sólo fuese la manifestación de tu conciencia. — Admitió de modo más calmado, mientras acotaba con serenidad. — Quizá por eso es que sientes familiaridad hacia mí, y esa calidez que nace naturalmente hacia mí ... En tus ojos, puedo verle a ella. — Admitió el fornido ser, expectante, serio, y deseando que esta vez fuese más claro.