— ¡¿COMO DEMONIOS PUEDEN SOPORTAR USAR ROPA?! Definitivamente algunos seres son muy extraños... — Refunfuñaba, mientras despertaba de su largo sueño, arrancándose desesperadamente la vestimenta con la que alguien la había cubierto mientras dormía.
Logrando escuchar que una voz muy familiar le llamaba. Inmediatamente giro su cabeza en dirección al grito, reconociendo que se trataba de su querido almirante.
— ¡CAPITÁN! <3 — Gritaba de forma entusiasmada, corriendo hacia el y abranzandolo con fuerza.
— ¿Normal? Ya habíamos hablado sobre mi disgusto a la ropa. Ya no debería insistir con eso. — Decía en un tono dulce, intentando que no se alterase aun mas.