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KaiserTahoma · 26-30, M
Tras escuchar la pregunta del muchacho, el hombre de oscura cabellera y mirada azul cómo el mar posó su mirada en él.
─ Los perros no hablan ─ explicó de forma despectiva.
Se levantó del asiento, cogió un collar con picos que estaba sobre la mesa de cristal frente a él, de esos que suelen ponerse en los perros de razas grandes para parecer intimidantes, y caminó en dirección al muchacho hasta detenerse a un escaso metro. Dejó caer el collar al suelo.
─ Levántalo ─ ordenó con voz profunda y firme.
Ni siquiera esperó que el muchacho respondiera y le metió tremendo puntapié en el estómago para obligarlo a caer de rodillas al suelo.
─ Los perros no hablan ─ explicó de forma despectiva.
Se levantó del asiento, cogió un collar con picos que estaba sobre la mesa de cristal frente a él, de esos que suelen ponerse en los perros de razas grandes para parecer intimidantes, y caminó en dirección al muchacho hasta detenerse a un escaso metro. Dejó caer el collar al suelo.
─ Levántalo ─ ordenó con voz profunda y firme.
Ni siquiera esperó que el muchacho respondiera y le metió tremendo puntapié en el estómago para obligarlo a caer de rodillas al suelo.
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