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[OOC: Le ofrezco mis más humildes disculpas. No había puesto pie en estos lares por bastante tiempo; espero mi pobre respuesta esté a la altura del turno que me ha enviado usted.]

Veinte minutos habrían transcurrido desde las ominosas palabras que Darigan, el tan "amable" instructor, había dedicado a sus pupilos. Cual desordenada marabunta, los grupos de estudiantes abandonaban las múltiples aulas, lanzándose en un caos uniforme a través de las arterias de Stom Ba'al, el lugar comúnmente llamado "La Fortaleza Oculta". Se trataba de un edificio colosal, ajado por las múltiples batallas y los años pasados; sus paredes se erguían, orgullosas, desde hacía 127 años: pues su edad correspondía con exactitud al fin del conflicto global que sacudió los cimientos mismos de aquella tierra majestuosa. Sin importar la precaria tranquilidad que las naciones mantenían a regañadientes, Radegast, el actual rey de Dakron, permanecía cauto y vigilante; es por ello que la construcción que hoy nos ocupa se conservaba en tan envidiable condición. Había sido diseñada teniendo en cuenta propósitos varios; su interior se encontraba dividido en varios compartimientos, y el acceso a cada uno se limitaba acorde al rango del visitante.

Podríamos comenzar a describir la edificación por el atrio. Solo existía una entrada a Stom Ba'al, y al ser traspasada, lo primero que se ofrecía a la vista era un amplio espacio abierto, resguardado por la gruesa muralla que hacía las veces de pórtico. Siempre podían verse múltiples vigías poblando dicho corredor, sea patrullando las lindes del recinto o apostados en las cuatro torres distribuidas a lo largo del frente. La explanada se encontraba inmediatamente, y era uso común que en ella se recibieran las visitas importantes, amén de servir como lugar de ceremonias para los nombramientos. Era obvio que el acontecimiento descrito en esta breve crónica pertenecía, por plenos y sobrados derechos, a la primera instancia antes mencionada. De modo que ya se hallaba una comitiva a la espera de la misteriosa y regia invitada; el grupo incluía tanto a todos los maestros residentes como al Concejo, unidad gobernante desde las sombras, mismo que liderado por dos magos de probada sabiduría.

El primero de ellos, Ordrus, había combatido en la Guerra del Caos, liderando las huestes insurrectas que buscaban derrocar el control absoluto mantenido por la antigua orden Fata Morgana sobre aquel mundo de leyenda. Justificaban éstos su gobierno déspota al proclamarse los ojos y manos que cumplían la voluntad de Eileen, diosa principal del panteón de Eldréion; de quien se decía reposaba, incólume y ajena al destino de sus creaciones, siendo los últimos vestigios de su poder las tres Reliquias: el Espejo, la Aguja y la Daga, perdidas en los anales de la historia. Aquella sangrienta hecatombe terminó con la erradicación de Fata Morgana, habiendo sido pasados a cuchillo todos sus miembros. Hecho desconocido para el grueso del vulgo, ignorante de todo lo que sucedió tras bambalinas antes de que se crearan las seis regiones mayores, lideradas por sus distintos soberanos. Merced a su gran poder y arrojo, el nigromante fue elegido para perpetuar la vigilancia sobre aquello que se ocultaba en la Fortaleza.

Mar K'yeh, el segundo hechicero, carecía de los logros militares de su compañero. Sin embargo, sus méritos no palidecían cuando se les comparaba; pues suya había sido la creación de la Urdidumbre, como se le llamaban a las múltiples líneas de energía que, a manera de prisión y escudo a la vez, mantenían férreo control y estabilidad sobre la inmensa cantidad de magia que los Guardianes protegían. En dicho arcano se basaba la paz frágil que mediaba entre los reinos; pues, a pesar de encontrarse en el corazón de Sindael, ninguno de los nobles de Eldréion tenía manera alguna de hacerse con el gran secreto que moraba en el interior de aquellos muros impenetrables.
 
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