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D1578864 · M
Las palabras de Kaeya no eran más que una provocación tras otra. Le conocía bastante bien y sabía que estaba disfrutando de tergiversar y regresarle todos sus comentarios. Cruzó sus brazos a la altura del pecho, mientras escuchaba en silencio cada una de las palabras del peliazul. Sin duda siempre tenia algo que responder, así cómo Diluc siempre tenia algo que decir sobre la situación de Mondtadt y la ineptitud de sus caballeros. ¡Pero cómo no hacerlo! Su mayor lío es cuando los slimes se adentran a la ciudad o los Hilichulrs montan campamento en las cercanías. Era él, quien, mayormente se había encargado de situaciones más fuertes, todo bajo el disfraz que acogía en la oscuridad.
— En ningún momento critique la diligencia de Jean como maestra intendente, al contrario, admiro su devoción. Y ella no puede sola y te debería constar más que a nadie. Si hay alguien que merezca ese puesto, es ella. No pongas palabras en mi que jamás utilice. Y sobre lo otro... —
Se giro apenas lo suficiente para observar cortante al que alguna vez fue su hermano. Afilo la mirada, cómo si intentara descubrir algún misterio que encubriera al caballero. Definitivamente era, luego de este tipo de conversaciones cuando más fervientemente creía que era imposible para ambos varones restablecer el vinculo que perdieron en aquella fatídica fecha.
— ¿Realmente crees que confió en ti para entrenar a los novatos? Los caballeros de Favonius... A veces creo que sólo sirven para cubrir apariencias en esta ciudad. — Por unos breves segundos, la decepción fue visible en el pálido rostro de Diluc, quien comenzó a emprender su retirada. No tenia ganas de seguir alimentando aquella discusión sin sentido. Ambas partes tenían material para continuar por horas, inclusive llegar a lo físico. Pero, por respeto a lo que alguna vez fue, optó por alejarse.
— Deja de estar causando problemas. — Finalizó a la par que avanzaba en dirección a su taberna.
— En ningún momento critique la diligencia de Jean como maestra intendente, al contrario, admiro su devoción. Y ella no puede sola y te debería constar más que a nadie. Si hay alguien que merezca ese puesto, es ella. No pongas palabras en mi que jamás utilice. Y sobre lo otro... —
Se giro apenas lo suficiente para observar cortante al que alguna vez fue su hermano. Afilo la mirada, cómo si intentara descubrir algún misterio que encubriera al caballero. Definitivamente era, luego de este tipo de conversaciones cuando más fervientemente creía que era imposible para ambos varones restablecer el vinculo que perdieron en aquella fatídica fecha.
— ¿Realmente crees que confió en ti para entrenar a los novatos? Los caballeros de Favonius... A veces creo que sólo sirven para cubrir apariencias en esta ciudad. — Por unos breves segundos, la decepción fue visible en el pálido rostro de Diluc, quien comenzó a emprender su retirada. No tenia ganas de seguir alimentando aquella discusión sin sentido. Ambas partes tenían material para continuar por horas, inclusive llegar a lo físico. Pero, por respeto a lo que alguna vez fue, optó por alejarse.
— Deja de estar causando problemas. — Finalizó a la par que avanzaba en dirección a su taberna.