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El único problema era, quizá, tener que tragarse el mal humor de Diluc desde que los cuatro -Razor, Albedo, Diluc y él- se habían separado a instantes antes de aterrizar, pacíficamente, gracias a los servicios de transporte del dragón Dvalin. Pero, venga, ¿quién podía advertir que Razor tendría la valentía, o la inocencia absurda, de lanzarse desde la espalda de un dragón en movimiento que volaba a varios metros de altura? Nadie. Siquiera el jefe de alquimistas, con todos sus estudios, análisis y descubrimientos, era capaz de hacerlo.

Y lo peor de todo era, que cuando pretendían reunirse los tres restantes para pensar una estrategia de búsqueda para su compañero desaparecido, a Albedo se le hubiese ocurrido la brillante idea de desaparecer sin siquiera decir adiós. ¿Quién podía culparlo? Albedo no tenía demasiado tacto y sus investigaciones SIEMPRE iban primero que todo lo demás.

[ III ]
 
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