31-35, M
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YuukiKuran · F
Las pequeñas motas níveas en pequeños grupos los cuales se movían haciendo diferentes figuras todas en conjunto sin mezclas, el frio que abrazaba la tierra con gran fervor gracias a los gélidos céfiros que cubría con un devoto manto todo el universo y sin hacer falta la perla nocturna que se vislumbraba desde la parte oriental del mundo, su luminiscencia abrazaba toda la tierra hasta los desconocidos terrenos japonesas, en alguna extraña y misteriosa ciudad abandonada de Dios, donde se da lugar a misteriosos eventos de muchas índoles. Tal ciudad era extensa y con gran variedad de lugares: diferentes tipos de hermosos parques, restaurantes de clase alta, bibliotecas, cines, lujosos museos, discotecas, restaurantes de todo tipo de clases sociales, casas beldades parecientes a castillos y así como el sector alto, se encuentra el sector bajo, donde abunda la pobreza, el crujir de abdómenes, el derramamiento del sagrado plasma granate tanto de inocentes como de culpables, etc.
No muy lejos de dicha cuidad, se encontraba el famoso bosque donde la gente prácticamente no se acostumbra a pasar ya que hay leyendas sobre que la gente desaparece junto al atardecer hasta que posteriormente no se halla nadie ni nada más que el soplo de la brisa y sonidos oriundos del ambiente noctívago, dando el lugar para los seres sobrenaturales, quienes acechan con fervor y nadie les estorba el camino ya que solo ellos saben que existen junto a la muerte noctámbula y fetidez del plasma granate, siendo esto una aposta regla inquebrantable en la cuidad. Más en medio del bosque y la ciudad, se encuentra la prestigiosa Academia Cross y en el centro de dicho boscaje yace una mansión desde hace miles de años, construida con estructuras de la actualidad y arquitectura victoriana con un gran acceso entre los límites de la mansión y el bosque por medio de un inmenso portón negro de ónix puro y en la parte superior está inscrito: “Kuran”.
En las afueras de dicha mansión yacen dos seres: Uno se trata de un chico de tez pálida, blanco cabello largo hasta la quijada con mechones extensos que cubren parte del rostro, orbes brillantes color lila con una mirada perdida sin expresión alguna; ataviado a una gabardina larga color gris que cubre los brazos y cuello, pantalón negro y zapatos de vestir. El otro se intima de una chica de tez blanca, largo cabello ondulado color cobrizo-rojo con mechones cortos que ocultan la frente, ojos rojizos y destellantes con mirada dulce y penetrante; vestida por una gabardina larga color beige que cubre el cuello, brazos y los muslos de las piernas y calza botines negros.
La joven iba abrazando del chico mientras caminaban por un sendereo oscuro y silencioso lleno de arbustos y frondosos árboles, una alfombra verduzca muy suave y mojada como si una tormenta se hubiese deslizado por tal sector. Inocentes y buenos ensimismados en su transitar y sus ludibrios, no esperaban topar con nada ni nadie ya que son seres tranquilos y confiados, sin embargo, se inclinan a tentar su suerte y así mismo podría acontecer lo que menos esperan.
No muy lejos de dicha cuidad, se encontraba el famoso bosque donde la gente prácticamente no se acostumbra a pasar ya que hay leyendas sobre que la gente desaparece junto al atardecer hasta que posteriormente no se halla nadie ni nada más que el soplo de la brisa y sonidos oriundos del ambiente noctívago, dando el lugar para los seres sobrenaturales, quienes acechan con fervor y nadie les estorba el camino ya que solo ellos saben que existen junto a la muerte noctámbula y fetidez del plasma granate, siendo esto una aposta regla inquebrantable en la cuidad. Más en medio del bosque y la ciudad, se encuentra la prestigiosa Academia Cross y en el centro de dicho boscaje yace una mansión desde hace miles de años, construida con estructuras de la actualidad y arquitectura victoriana con un gran acceso entre los límites de la mansión y el bosque por medio de un inmenso portón negro de ónix puro y en la parte superior está inscrito: “Kuran”.
En las afueras de dicha mansión yacen dos seres: Uno se trata de un chico de tez pálida, blanco cabello largo hasta la quijada con mechones extensos que cubren parte del rostro, orbes brillantes color lila con una mirada perdida sin expresión alguna; ataviado a una gabardina larga color gris que cubre los brazos y cuello, pantalón negro y zapatos de vestir. El otro se intima de una chica de tez blanca, largo cabello ondulado color cobrizo-rojo con mechones cortos que ocultan la frente, ojos rojizos y destellantes con mirada dulce y penetrante; vestida por una gabardina larga color beige que cubre el cuello, brazos y los muslos de las piernas y calza botines negros.
La joven iba abrazando del chico mientras caminaban por un sendereo oscuro y silencioso lleno de arbustos y frondosos árboles, una alfombra verduzca muy suave y mojada como si una tormenta se hubiese deslizado por tal sector. Inocentes y buenos ensimismados en su transitar y sus ludibrios, no esperaban topar con nada ni nadie ya que son seres tranquilos y confiados, sin embargo, se inclinan a tentar su suerte y así mismo podría acontecer lo que menos esperan.