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J1582596 · M
Con implacable compostura, Jin, como un viejo cerezo en el viento resistió sin pestañear. La mano pálida de la rubia se atrevió a desafiar su temple, pero su mirada de acero no se desvió. En ese efímero instante, dos mundos chocaron: la oscura tradición y la insolencia extranjera. El silencio habló volúmenes, advirtiendo que su calma era la antesala de la tormenta. — ¿Qué acabas de hacer? — Suscitó en un tono intimidante hacia ella.
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