[code]Sus ojos no eran capaces de visualiza a nadie que pudiera haber lanzado aquel objeto en su dirección... Tenía que tratarse de un niño, sin duda alguna. ¿Acaso habría corrido? No tenía sentido. ¿Qué clase de niño lanzaría la pelota y se iría dejándola atrás? Además... Debería haberse escuchado algo de haber sido así; pasos o alguna señal de movimiento. Un tenue estremecer le provocó que sus nervios se le pusieran de punta, dejando a la joven en alerta; y, por tanto, muy sensible ante cualquier cosa externa que se aproximara. Si a eso se le añadía que su concentración estaba completamente fija en el punto desde donde había llegado la pelota, no era de extrañarse que no se haya percatado de la presencia de la castaña hasta que la escuchó hablar; arrebatándole un audible grito en compañía de un corto salto con el que terminó por girarse para observar de quién se trataba.
—¡Por Dios, Akemi! ¡No me hagas eso!—
Estaba consciente de que la castaña no había hecho nada malo, pero no podía evitar reclamar a causa del susto recibido; sentía su corazón muy acelerado y aquel grito sólo puso más nerviosa a la pequeña criatura dentro de la jaula. Los gritos de la joven rubia eran conocidos por infartar a todo el que los escuchara (?)
Una vez más tranquila, dejó escapar un largo suspiro, mentalizándose de que todo estaba bien y que todo había sido producto de su imaginación, pero... Llevó su mirada en dirección al pequeño objeto a sus pies, inclinándose para así poder tomarlo entre sus dedos y reincorporarse con éste. Lo había visto rodar... ¿No es verdad? Mostró aquella pelota a su contraria y añadió.
—Esto rodó hacia la entrada desde adentro, así que intentaba ubicar a quien la había lanzado.—
Y aunque por fuera se denotaba "calmada", por dentro su mente ya había comenzado a jugarle sucio, exponiéndole los peores escenarios de cómo ese objeto había sido capaz de llegar a la entrada por "cuenta propia"; su mirada se ensombreció levemente y añadió con un tono de voz algo tembloriento ante la idea de que pudiera ser verdad.
—No creerás que... —
No era necesario culminar la oración para que su compañera entendiera a lo que se refería. Realmente necesitaba que su amiga la calmara y le dijera que no pasaba nada fuera de lo normal; aunque por dentro ella intuyera que en efecto ocurría.[/code]