Al finalmente visualizar a su compañera voltear, la joven rubia suspiró con alivio y se recargó contra la fría pared mientras una amplia sonrisa se dibujaba entre sus labios. Era ella, lo acababa de comprobar, aquella amiga que había conocido mientras viajaba por Europa... Su mejor amiga en el mundo. Un fuerte deseo de abrazarla recorrió su cuerpo; sin embargo, y al haberse sobre esforzado así, su cuerpo había llegado a su límite y no se podía mover. Se quedó ahí hasta que aquella joven de castaños cabellos se aproximó a ella y sonriente, murmuró.
—Es bueno volver a verte, Akemi...— Entrecerró su párpado derecho a causa del dolor y tratando de no mostrarlo, volvió a sonreír. —Tenía que cerciorarme de que eras tú, así que tuve que esconderme de mi madre. —