41-45, M
[RP] Tranquilo, muy atento, curioso, amable, inteligente, paciente, despreocupado y un poco torpe.
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AlexanderIIIOfMacedon · 41-45, M
Aquel hombre que había llenado sus pensamientos ahora estaba allí, con él. Ya podía estar tranquilo. Sus pensamientos lo estaban, por el momento. Por un instante todo sería calma. No había mejor manera de terminar esa noche que quedarse al lado de su gran mejor amigo.
Su amigo, su amante, su todo... Muchas cosas habían sido dichas en esos años, así como otras estaban a la espera de salir.
Tomó la copa que le era ofrecida y observó aquellos ojos únicos que sólo él poseía, tan turquesas, tan brillantes y llenos de claridad. Los sentimientos que veía en aquellos ojos siempre eran verdaderos, puros.
—No eres al único al que los gritos le han quitado el sueño, así como el rojo de la sangre. Pero no hablemos de esas cosas ahora, Hephaestion. —Miró los papiros y los juntó un poco mejor, dejándolos a un lado, para dejar más libre la cama—. Así es. La conoces tanto como yo... Creo que te debes imaginar lo que dice. Pero es otro tema que, en este momento, prefiero evitar.
Hizo silencio mientras bebía, respirando profundo. Carraspeó y su mirada se dirigió a Bagoas. Por más silencioso que fuese, siempre estaba allí hasta que él se dormía.
—Bagoas... Puedes retirarte. Cierra bien al salir. —Estaba seguro que aquel muchacho no estaba del todo alegre con aquella decisión, pero esa noche sería sólo para ellos. Así sólo charlaran de la luna o de los dioses.
Volvió su mirada hacia Hephaestion luego de beber otro sorbo del vino que el mayor había traído, una sonrisa se mostró en sus labios al bajar la copa.
Su amigo, su amante, su todo... Muchas cosas habían sido dichas en esos años, así como otras estaban a la espera de salir.
Tomó la copa que le era ofrecida y observó aquellos ojos únicos que sólo él poseía, tan turquesas, tan brillantes y llenos de claridad. Los sentimientos que veía en aquellos ojos siempre eran verdaderos, puros.
—No eres al único al que los gritos le han quitado el sueño, así como el rojo de la sangre. Pero no hablemos de esas cosas ahora, Hephaestion. —Miró los papiros y los juntó un poco mejor, dejándolos a un lado, para dejar más libre la cama—. Así es. La conoces tanto como yo... Creo que te debes imaginar lo que dice. Pero es otro tema que, en este momento, prefiero evitar.
Hizo silencio mientras bebía, respirando profundo. Carraspeó y su mirada se dirigió a Bagoas. Por más silencioso que fuese, siempre estaba allí hasta que él se dormía.
—Bagoas... Puedes retirarte. Cierra bien al salir. —Estaba seguro que aquel muchacho no estaba del todo alegre con aquella decisión, pero esa noche sería sólo para ellos. Así sólo charlaran de la luna o de los dioses.
Volvió su mirada hacia Hephaestion luego de beber otro sorbo del vino que el mayor había traído, una sonrisa se mostró en sus labios al bajar la copa.