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*El día había llegado, las hermanas de Flavio por fin conocería a la famosa chica idéntica a su madre, estaba algo nervioso pues no sabe cómo reaccionarán sus hermanas al verla, espera que no sea demasiado drástico lo que suceda. Avanza con ellas hacia el lugar, antes de abrir la puerta se detiene y las mira a los ojos* — Per favore, non fare qualcosa di stupido, ti avverto. *Tomó algo de aire y abrió la puerta dándole el paso a sus hermanas, al entrar él las guío a la caja en busca de la chica que no se encontraba ahí en ese momento, Flavio le habló con familiaridad* — Carmina, estamos aquí!
 
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Cómo todos los días, Carmina se dedicaba a su tienda desde que despertaba hasta que era hora de cerrar con completa adoración. Su labor diaria, aparte de obviamente atender a la clientela, era mantener cada rincón pulcro y bien organizado. Esto formaba parte de las enseñanzas de su abuelo, quien siempre le insistía en la buena presentación y modales y cómo estos le ayudarían siempre en la vida. Era casi cómo una regla de oro para ella.
Y justamente, aprovechando que el local se encontraba tranquilo, había limpiado el lugar de pies a cabeza tal y cómo su abuelo le enseñó. ¿Había acaso algo que le pudiera resultar más agradable? Fue justo, cuando se encontraba en la bodega trasera, guardando la indumentaria de limpieza cuando logró escuchar aquel clásico sonido de las puertas abrirse y una voz familiar llamarle. Por la distancia y la puerta cerrada no logró distinguir de quién se trataba, pero eso no le preocupó en lo absoluto. (...)
 
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