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i’m the captain of slytherin and my own faith. | ᴍᴀʀᴀᴜᴅᴇʀ's ᴇʀᴀ ʀᴘ
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JB1535635 · F
───── Yo no sé dónde estoy, solo persigo a una lagartija; noche.

Empezó con querer utilizar sus botas esa noche. De esas que eran todo terreno y que la habían acompañado en incontables aventuras. Siguió con ella buscándolas de manera animada por todo su desastre que era mejor conocido como habitación. Luego se hizo una parada en ella entrando a la habitación de Emilia solo para preguntarle si había visto las condenadas botas. La pelirroja no estaba de humor, o disposición, para atenderla. Eso sucedía cada vez que le tocaba cuidar a Dantalion porque, de pronto, la lagartija de Sabriel había pasado de ser su hijo reptil a la responsabilidad de todos. Era como pasarse la pelota de a quién le tocaría soportar unas horas con el bicho mientras que la nigromante se encargaba de limpiar el Inframundo o estaba en alguna misión importante. Salias había demostrado su utilidad cuando decidió devolver al demonio a su casa solo para que su melliza lo detuviera, porque no podían devolverlo a menos que quisieran desatar una especie de guerra entre todos los demonios allá abajo.

Jenna, la verdad, había apoyado la idea. Mas allá del tema de desatar una especie de desequilibrio en el Inframundo, lo único que ella buscaba era deshacerse de la lagartija de una vez por todas sin mancharse las manos en el proceso. Siempre tan conveniente.

Como fuera, ese día Emilia no estaba de humor. Jenna no encontraba sus botas. Y Dantalion estaba en el sofá, viendo un show de talentos en la televisión mientras que aliviaba la comezón de sus colmillitos con las mordidas a un pedazo de cuero que se trataba de nada más y nada menos que las dichosas botas de Bane. Ella pasó frente a la lagartija con rapidez, intentando ignorarlo lo máximo posible. Solo para detenerse unos pasos más tarde y voltear en una tortuosa lentitud hacia el bicho escamado que continuaba distraído con uno de los competidores en esa televisión. El silencio se sumió por parte de la rulosa que, con esa naturaleza dramática, empezó a dar pasos de retroceso hacia el bicho. Su mirada estaba pegada a las botas. Sus dedos empezaron a cerrarse sobre sus palmas y cuando la reencarnada arrebató una bota de las diminutas manos de Dantalion, solo tuvo que ver el desgaste de la punta para confirmar que se trataban de sus botas.

Lo siguiente se redujo a un borrón en su cabeza.

En ese borrón se incluían sus gritos, los gritos de Dantalion, las reclamaciones de Emilia, el destello de la hoja de su guadaña y, posiblemente, una televisión partida en dos. Un conjunto de acciones que se fueron hacia un segundo plano de desinterés, porque todo lo que vio Bane registró fue a la lagartija utilizar su diminuto tamaño para evitar los cortes que ella lanzaba. Después lo vio utilizar esas cuatro diminutas patas para emprender una carrera. Emilia gritó que se detuviera, pero ni el uno ni la otra la escucharon antes de que la muchacha saliera disparada detrás del bicho que Sabriel ya podía dar por muerto. Sintió un tirón en el estómago, las náuseas subiendo por la boca de su estómago y una inusual ligereza. Todo en un lapso de dos pestañeos que pateó a un tercer plano de interés cuando su atención volvió a enfocar a Dantalion que corría como alma que llevara el diablo.

¡TE VOY A ARRANCAR ESCAMA POR ESCAMA Y ME HARÉ UNAS BOTAS NUEVAS CON ESTAS! —vociferó haciéndole una digna competencia a una banshee graduada con honores de la escuela de gritos.

¿Que si había reparado en que no se encontraba en su departamento en Bristol? Ni por asomo. ¿Que si se dio cuenta de que sus pies descalzos ya no se deslizaban sobre la alfombra del pasillo sino que ahora registraban una gélida sensación por la piedra debajo de estos? Tampoco. ¿Que si Dantalion estaba cada vez más cerca de que lo alcanzara y lo abriera en dos como una rana en un aburrido experimento de ciencia? Eso claro que se dio cuenta. Sintió la gloria en la punta de sus dedos los cuales asieron, con emoción y expectativa, con más fuerza el mango de su arma. Sin embargo, si creía que en esa ecuación era la única que tenía la solución estaba equivocada. Por algo Dantalion continuaba vivo hasta la fecha.

Solo cuando Jenna levantó la mirada, reconoció hacia dónde se dirigía el demonio. Apenas tuvo tiempo para fruncir el ceño, en una mezcla de molestia y confusión. Ella era buena recordando rostros. Excepto los que nunca había visto, como por ejemplo el de la rubia a la cual, el demonio, encerrado en esa forma humilde de lagartija, llegó para empezar a subir por su pierna.
 
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