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Soltó un suspiro de resignación al escuchar la justificación del albino. Colocó la pequeña manita con la palma extendida sobre el parche y sus ojos color miel, se quedaron fijos en los del albino.

—Ya no tienes que hacerlo.. me refiero a huir entre tus portales —Susurró con voz comprensiva, mientras una tenue luz se hizo presente entre sus dedos, que se perdió casi de inmediato debajo del parche hacia la herida, haciéndola sanar rápidamente. Había aprendido hacerlo hacía mucho, cuando un pajarillo se había caído de su nido luego de una tormenta y aunque el dolor fue insoportable, no dudó en hacerlo esta vez para él.

—Mi papá nos dio permiso de ser amigos. Dijo que si tu me cuidas, para él está bien—Le sonrió entonces con tranquilidad, antes de quitar su manita de la mejilla de él, para ese momento, ya estaría curada, procurando evitar mostrar gesto alguno, por el escozor que sentía en su propia cara-
 
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