[code]Definitivamente no era una hora adecuada para estar despierto, se suponía que debía estar en el colegio en un par de horas, pero dado la diferencia escolar de los Sakamaki con el resto del mundo, también tenían vacaciones. Ayato se encontraba tendido sobre la cama de su alcoba, aburrido, mirando únicamente el tejado, el obscuro tejado. Tenía puestas las palmas de las manos como almohada y llevaba puesto una ropa ligera, y esta constaba de una camiseta de color negro de manga corta, un pantalón pescador gris con alcance debajo de las rodillas, un par de zapatos de color negro y una pequeña pulsera de color rojo en la muñeca derecha.
No parpadeaba, yacía embobado con lo negro del tejado, como si estuviese viendo alguna escena en la televisión y fuera muy entretenido. De pronto, cerró los párpados, no le quedaba de otra que dormir.[/code]
[code]Cuando de pronto, entre sueños escuchó una voz, parecía de una mujer... pero no, no podría ser "ella", eso fue lo que pasó por su mente en esos instantes. De nuevo la voz retumbó en su mente haciéndole abrir los ojos de golpe. Sí, era la voz de una mujer. Se levantó de golpe, salió de la alcoba, caminó por el pasillo como desesperado y sujeto al barandal del segundo piso asomó rápidamente hacia la puerta viendo a lo lejos la figura de una mujer, pero.. no era ella, no era la chica de cabellos dorados que él esperaba.[/code]
[code]Se notaba en su rostro cierta decepción, más mantuvo la seriedad y se movió lentamente por la escalera hasta llegar a la puerta y detenerse frente a la joven recién llegada. Le miró a los ojos, con esos orbes oculares de color verde tan profundos. Entre abrió la boca y pronunció unas palabras con un tono serio.