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SW-User
mano sanase o la situación del reino mejorase para hacerlo más seguro. ¿Y si los guardias se encontraban con él? ¿Qué iba a hacer él? ¿Qué iban a hacer los guardias? Sintió miedo, demasiado miedo. Tanto, que incluso no solo temió por lo que pudiera ser de él sino de ella misma. ¿Qué le harían en el reino al saber que, de alguna forma, un extraño estaba cerca de la entrada por su culpa? Se estremeció, sintió náuseas y detuvo sus pasos solo para controlarse. Llevó ambas manos sobre los labios, respiró hondo; buscó la paz que necesitaba para calmar esos miedos. Tenía que hacer algo por él, antes de que fuese encontrado por los guardias que iban en su búsqueda, por algún otro ciudadano que tuviera la encomienda de dar con ella o, peor aún, con las muchas criaturas que rondaban el bosque, para darle seguridad a los drakis, durante las noches.

— ¡HEY, REGRESA! —Intentó llamarlo, quizá por la distancia entre uno y otro le sería imposible de escuchar o de distinguir esa latente preocupación en esa vocecita dulce. Pero no tenía otra alternativa, tenía que correr, alcanzarlo… Y aquello era una tarea fácil para su especie. Cazar, era una de las necesidades instintivas de los dragones, cada uno vivía la emoción y utilizaba las tácticas que considerara propias para atrapar a la presa. Tenía entendido que a Vincent le gustaba ser visto, asustar a la presa ante algo de lo que no puede escapar por más que lo intente; Skyler gustaba del suspenso, de permanecer en la oscuridad debido al color negro de sus escamas… ¿Y si utilizaba ambos para…? No. No iba a revelar el secreto de su especie delante de un desconocido— ¡HEY VUELVE AQUÍ! ¡ES PELIGROSO QUE VAYAS POR ESE CAMINO! ¡¡DETENTETE!!

Gruñó fastidiada por el solo hecho de pensar que su plan podía fracasar. La única forma que tenía era lograr cortarle camino y salir delante de él. Ganarle en esa fastidiosa carrera que le resultaba casi imposible por las vestimentas que llevaba en ese momento: Un vestido de campo, con flores pintadas a mano en diversos colores y sandalias. En verdad le encantaba el vestido, pero para la situación sin duda que no era algo que pudiese considerarse… Práctico, pero tampoco quería romperlo. Rodó los ojos, un gesto que por alguna razón sus hermanos repetían cada vez que estaban fastidiados y ella comenzaba a copiarles. Y entonces la idea vino a su mente… Hacerlo sería tonto, quizá doloroso y si el dragón marino se enteraba, no iba a perdonárselo. Pero no tenía otra opción. Así pues, extendió las manos hacia los costados y abrió las palmas de las manos, recordaba aquellos movimientos como si fuese ayer el día en que tuvo la oportunidad de verlos, pero no estaba completamente segura de poder… Reproducirlos a la perfección. Repitió las antiguas palabras para aperturar el portal y… Guardó silencio ante la pequeña distorsión creada casi a sus pies. Allí estaba el único acceso que tenía para alcanzarlo, para llegar hasta él; y sin pensarlo nuevamente, de un saltito entró en él, haciendo que su cuerpo desapareciera y se cerrase con ella.

¿Dónde habría de aparecer? Si mal no recordaba, sus ideas estaban centradas en la dirección que el sujeto iba, hacia el norte, hacia la vieja y destruida entrada principal. Pero cuál fue su sorpresa al ver bajo sus pies el pasto, y aquella silueta corriendo. Sintió pánico, quiso aferrarse a lo primero que tuvo, pero todo era espacio interdimenesional. ¿Cómo se podía sujetar de eso? Sintió miedo, pero no pudo expresarlo, no pudo gritarlo. Hasta que se sintió caer irremediablemente.

— ¡WHOA! ¡C-CUIDADO! —Fue lo único que pudo decir, mientras caía, casi de espaldas a la silueta, podía ver como el portal se iba haciendo cada vez más pequeño hasta casi desaparecer. Era un espectáculo curioso el poder vislumbrar las luces, los cambios de colores… Y el desgaste físico y emocional que trajo consigo aquella actividad. Giró la cabeza, a fin de poder crear contacto con él, estaba a unos… dos o tres metros de caer sobre él debido a la velocidad de su caída. Cerró los ojos e incluso, por instinto, se llevó las manos sobre los mismos a fin de evitar ver lo inevitable. Aunque solo existían dos opciones: Caer sobre de él y detenerlo, como era el motivo de su plan más no el medio, o terminar cayendo al suelo dado que él tuviese el tiempo suficiente para continuar corriendo. ¿Cuál iba a ser su torpe destino por tratar de detenerlo y ayudarle? Sin duda, lo mejor desde un momento hubiese sido hacerle saber que no tenía intenciones de lastimarle, aun ella desconociera los motivos por los cuáles él había llegado hasta su ciudad.