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SW-User
A cada segundo que pasaba, sentía que su plan no tenía sentido alguno, ahora que se detenía a pensarlo, quizá la estrella con forma de león no era nada más que una obra de su imaginación a causa del cansancio, de la ansiedad, de la necesidad interna de regresar a la dimensión que pertenecía para continuar su vida con normalidad; o solo era un arrebato infantil al aferrarse a una idea equivocada. Pero era difícil despejar esa incógnita de su mente, ¿qué más podía caer del cielo y causar un estruendo como aquel? Solo algo grande, como un meteorito, algún fragmento de metal perdido en el espacio tras alguna operación fallida de los gobiernos por descubrir la existencia de vida fuera la tierra. Quién sabía realmente lo que era. Terminó agachándose delante del conejo, mismo que movió la nariz con rapidez y levantó las orejas ante una posible amenaza, pero al ver que no se trataba de nada así, terminó por ceder y acercarse a los brazos de la chica. Una vez allí, se acomodó en un ovillo dejándose consentir por las caricias repartidas a sus orejas, su espalda y parte del estómago.

— Ah, parece que te gusta hacer bastante escándalo, pequeño. Pero deberías tener cuidado, los lobos podrían ir detrás de ti —Un golpecito a la nariz del conejo lo hizo sacudir la cabeza como si estuviese asustado; se pasó ambas patitas por la cara un par de veces y volvió al suelo, después de que la chica lo hubiese bajado con total cuidado— Bueno, parece que lo mejor será volver a casa ahora —Añadió al tiempo que pasaba las manos sobre las prendas a fin de retirar todo rastro de arrugas, polvo o trocitos de hojas secas que se añadieron a la tela de su falda durante el camino hasta la plazuela. Un largo suspiro brotó de sus labios, pero no se rindió al tratar de buscar alguna pista, algún indicio que le diera las respuestas que tanto buscaba. ¿Realmente estaba sola y todo era parte de su mala imaginación? No lo sabía, pero quería dar por sentado que podría averiguarlo.

Cuando estuvo a punto de girar para regresar sobre sus pasos, el zumbido de las explosiones no tardó en hacerse presente en sus oídos, vibrando, causándole una molestia indescriptible. Como si las detonaciones estuviesen siendo directamente sobre sus orejas, aun cuando era claro que estaban lejos; era quizás, una de las razones por las cuales podía decirse que odiaba la sensibilidad que los sentidos de dragón le ofrecían. Y es que no existía forma alguna de desconectarse de la naturaleza que poseía, la única habilidad que tenía permitido controlar a su antojo era la vista y, gracias a ello, fue los destellos que siguieron a las explosiones no le causaron tanto daño. Se sintió mareada con el repentino cambio de luz, su pupila se achicó, igual que la de un gato ante la presencia de una cantidad excesiva de luminiscencia, pero mantuvieron ese color ámbar, esa fuerza, ese brillo intenso propio de su naturaleza, de la necesidad de continuar en alerta debido al caos que se formaba a su alrededor.

Rayos, pensó mientras que llevaba la mano izquierda sobre sus ojos a fin de crear una pequeña barrera que la separase breves momentos de la luminiscencia vibrante, y aunque lo logró, su atención terminó centrándose por un par de fugaces segundos en la silueta que pasó a su lado. Pareció que el tiempo fue eterno, aunque solo hubiesen sido cuestión de segundos, incluso microsegundos, pero el movimiento le dio la sensación de que todo era en cámara lenta, más de lo usual, cual película de emoción en que algo crítico va a suceder y debes prestar toda tu atención. Así pues, sus ojos terminaron centrándose en esa figura varonil, en esos ojos que llegaron a encontrarse con los suyos creando un vínculo, un enlace fuerte y atrayente ante la curiosidad. ¿De dónde había salido aquel sujeto? No tenía idea, pero quería averiguarlo. Necesitaba… ¿A dónde iba?

Despertó del pequeño trance en que fue sumida cuando escuchó que los pies de aquel extraño tocaron el suelo una vez, después se repitió la acción en movimientos más rápidos y pesados. Estaba corriendo. ¿Hacia qué dirección? ¿Tenía idea de hacia donde se estaba dirigiendo? Seguramente no. Seguramente si continuaba en esa línea recta terminaría llegando a ningún sitio, porque no existía un final para ese camino, solo un montón de rocas que bloqueaban la antigua entrada a Nijail, no existía forma alguna de destruirla y abrir nuevamente las puertas, porque no existía nada del otro lado. Solo roca y más roca, musgo y algunas cuantas plantas que se adherían a las rocas intentando asfixiarlas para guardar el secreto más antiguo de la capital dragón.

Y entonces, como una idea fugaz, el temor se acrecentó en ella obligándola a apresurar sus pasos detrás de aquel sujeto. ¿Qué pasaría si Vincent ya estaba enterado de que ella no se encontraba más en el castillo? Su toque de queda de alguna forma u otra ya había pasado, estaba incumpliendo parte de los tratados y las condiciones que tenía para quedarse en la ciudad, al menos hasta que