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SW-User
... Pero la calma desapareció de su rostro cuando percibió algo extraño en su ambiente, no sabía con exactitud cómo definirlo, pero la sensación picante en la nuca no desaparecía tan fácil ante la alerta de algún peligro latente. La pregunta era, ¿dónde y quién?
— ¿H-Hola? —Llamó de la forma más tonta en que se le pudo ocurrir hacerlo, era una de las principales reglas de supervivencia que las películas de terror planteaban: Jamás preguntar si existía alguien cuando tenías la sospecha de no estar solo. Pero vamos, ¿qué podía ser lo bastante fuerte para hacerle frente a un dragón? Nada, absolutamente nada que no fuese otro dragón o alguna de esas armas que otros reinos desarrollaban para destruir a tan sagrada e imponente especie. Avanzó lento, torpe, fingiendo que no tenía idea de dónde estaba o lo que estaba haciendo allí— Hey, sé que hay alguien por allí. Es mejor que salgas ahora… O no encontrarás cómo llegar a donde… Sea que quieres llegar —Encogió los hombros durante unos instantes, sus ojos buscaban con cuidado el terreno a su alrededor. Debía de existir alguien allí, no muy lejos, no tan cerca para no poder ser percibido por el olfato o el mínimo ruido al quebrar una rama… Como la que aquel conejo blanco detrás de un pilar caído, cerca de un arbusto de moras, había logrado romper. Suspiró aliviada después de un respingo que dio su cuerpo involuntariamente, se llevó las manos a la cintura y observó al animalito con desaprobación e incluso diversión— Casi me asustas, pensé que eras uno de esos tipos feos y malos que rondan por allí. Y bien, ¿sabrás tú qué fue lo que cayó del cielo? —Tonto, sumamente tonto era como se podía describir aquel acto tan infantil, pero debía admitirse que era una buena treta para ocultar la verdad. Y es que dentro estaba confiada de sus propias habilidades como para dejarse vencer o atrapar tan fácilmente; podía aparentar ser débil, incluso ser físicamente pequeña y en apariencia, pero dentro tenía la fuerza suficiente para hacer cimbrar el suelo con una patada caprichosa en plena rabieta. Dentro existía la energía para levantar automóviles, rocas seis u ocho veces más pesadas que ella, era el poder de la sangre de dragón que corría por sus venas, pero aquello debía y seguiría siendo un secreto— Vamos, no seas tímido. ¿Por qué no sales y te acercas de una vez? Prometo que no te haré daño… En absoluto —Seguía siendo tonto el método de confundir al enemigo. Las palabras que decía parecían ir en relación al felpudo animal que movía la nariz con rapidez mientras levantaba las orejas, como si estuviese escuchando, aunque lo cierto era, que sus frases estaban dirigidas hacia alguien más, algún ente que estuviese allí mirando, inspeccionando, buscando alguna respuesta a interrogantes. Quizá solo hice una mala suposición. O quizá se atreverá a salir. Quién sabe.
— ¿H-Hola? —Llamó de la forma más tonta en que se le pudo ocurrir hacerlo, era una de las principales reglas de supervivencia que las películas de terror planteaban: Jamás preguntar si existía alguien cuando tenías la sospecha de no estar solo. Pero vamos, ¿qué podía ser lo bastante fuerte para hacerle frente a un dragón? Nada, absolutamente nada que no fuese otro dragón o alguna de esas armas que otros reinos desarrollaban para destruir a tan sagrada e imponente especie. Avanzó lento, torpe, fingiendo que no tenía idea de dónde estaba o lo que estaba haciendo allí— Hey, sé que hay alguien por allí. Es mejor que salgas ahora… O no encontrarás cómo llegar a donde… Sea que quieres llegar —Encogió los hombros durante unos instantes, sus ojos buscaban con cuidado el terreno a su alrededor. Debía de existir alguien allí, no muy lejos, no tan cerca para no poder ser percibido por el olfato o el mínimo ruido al quebrar una rama… Como la que aquel conejo blanco detrás de un pilar caído, cerca de un arbusto de moras, había logrado romper. Suspiró aliviada después de un respingo que dio su cuerpo involuntariamente, se llevó las manos a la cintura y observó al animalito con desaprobación e incluso diversión— Casi me asustas, pensé que eras uno de esos tipos feos y malos que rondan por allí. Y bien, ¿sabrás tú qué fue lo que cayó del cielo? —Tonto, sumamente tonto era como se podía describir aquel acto tan infantil, pero debía admitirse que era una buena treta para ocultar la verdad. Y es que dentro estaba confiada de sus propias habilidades como para dejarse vencer o atrapar tan fácilmente; podía aparentar ser débil, incluso ser físicamente pequeña y en apariencia, pero dentro tenía la fuerza suficiente para hacer cimbrar el suelo con una patada caprichosa en plena rabieta. Dentro existía la energía para levantar automóviles, rocas seis u ocho veces más pesadas que ella, era el poder de la sangre de dragón que corría por sus venas, pero aquello debía y seguiría siendo un secreto— Vamos, no seas tímido. ¿Por qué no sales y te acercas de una vez? Prometo que no te haré daño… En absoluto —Seguía siendo tonto el método de confundir al enemigo. Las palabras que decía parecían ir en relación al felpudo animal que movía la nariz con rapidez mientras levantaba las orejas, como si estuviese escuchando, aunque lo cierto era, que sus frases estaban dirigidas hacia alguien más, algún ente que estuviese allí mirando, inspeccionando, buscando alguna respuesta a interrogantes. Quizá solo hice una mala suposición. O quizá se atreverá a salir. Quién sabe.