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AemondTargaryen · 31-35
Miró a Jaena con algunos papeles sobre la mesa, así que se acercó y se sentó en un banco, comenzando a leer. Ambas gemelas lo miraban extrañadas; el desentonaba demasiado entre la tecnología y las luces del lugar. Jaella se giró hacia su madre.
— Madre, pídele por favor que ya tire esos harapos, odio que se disfrace así. — Jaena quiso reír. Abdel por lo pronto soltó un suspiro y se quitó muy despacio la máscara, luego la dejó en la mesa y se encogió de hombros con una sonrisa.
Abdel, Aemond, ahí estaba. Con el cabello atado en la nuca, la mirada ahora suave al estar en presencia de sus hijas. Una cara que ocultó tanto en otro mundo, y que ahí mostraba tan fácilmente.
— Lo lavaré, lo prometo. —
— Madre, pídele por favor que ya tire esos harapos, odio que se disfrace así. — Jaena quiso reír. Abdel por lo pronto soltó un suspiro y se quitó muy despacio la máscara, luego la dejó en la mesa y se encogió de hombros con una sonrisa.
Abdel, Aemond, ahí estaba. Con el cabello atado en la nuca, la mirada ahora suave al estar en presencia de sus hijas. Una cara que ocultó tanto en otro mundo, y que ahí mostraba tan fácilmente.
— Lo lavaré, lo prometo. —
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