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AemondTargaryen · 31-35
Si no hubiese tenido ese aparato en la mano sonando a cada segundo quizás habría notado ese cambio en ella, pero pasó a atender la llamada de inmediato. Olvidó despedirse, pues ya se apresuraba a salir de la habitación para poder reclamar cómodamente a su interlocutor en el pasillo.
— ¿De nuevo? ¿A quién rayos dejaron a cargo ahí? Joder, cada día me impresionan más. —
Las semanas pasaron, un muy bronceado Rexus llegó y se adaptó rápido al trabajo como comandante de la guardia. Cientos de lobos de su confianza se unieron a las filas, y comenzó a ver la luz al final del túnel en ese aspecto.
Pero el dinero era un desastre. Fácilmente Jana y Aemond tenían más dinero juntos que la corona, cosa que agradeció. Pagó deudas de su bolsillo, también invirtió otro poco. Noches enteras las pasó en su escritorio leyendo frente a un monitor.
— ¿De nuevo? ¿A quién rayos dejaron a cargo ahí? Joder, cada día me impresionan más. —
Las semanas pasaron, un muy bronceado Rexus llegó y se adaptó rápido al trabajo como comandante de la guardia. Cientos de lobos de su confianza se unieron a las filas, y comenzó a ver la luz al final del túnel en ese aspecto.
Pero el dinero era un desastre. Fácilmente Jana y Aemond tenían más dinero juntos que la corona, cosa que agradeció. Pagó deudas de su bolsillo, también invirtió otro poco. Noches enteras las pasó en su escritorio leyendo frente a un monitor.
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