—Puedes decirme cuáles son tus miedos...—musitó— Tus secretos, los pensamientos más íntimos que ronden tu mente, debes hacerlo—acarició el rostro de un hombre de mediana edad, rasurandole la barba con una filosa navaja— ¿Cuánto crees resistir antes de quebrarte? Mi especialidad no es herirte; puedo llegar a la fibra más fina y sensible de tu ser... Ese es mi trabajo —pasó la navaja por su barbilla, limpiando con una toalla húmeda después. El hombre estaba atado, sin poder moverse, casi ido por una sustancia, balbuceando– Matarte, es otro, y será pronto, así que shhhh... No lo apresuremos.