No soy Seiya...
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E1561666 · F
«Los dioses siempre han sido muy torpes en sus actos, es por eso que pueden ser engañados, incluso ahora...» Fueron las palabras que resonaron en su cabeza en cuanto abrió los ojos. Era extraño... pero, siempre despertaba con esas palabras en su cabeza. Desde muy pequeña tuvo sueños muy extraños, como premoniciones aleatorias que anunciaban diferentes rutas y destinos elegibles. ¿Un don o una maldición? La verdad es que no solia pensar mucho en ello, el destino no le importaba, el futuro mucho menos pues creia que el futuro era algo que se construia con las propias manos y no con el designio de los dioses, o al menos eso fue lo que siempre le inculcaron.
Tendida sobre el pasto fresco de aquel solitario paramo, una chica albina reposaba observando el cielo. Había huido de casa, cansada de ser prisionera de las costumbres y salvaguardas. Deseaba libertad, deseaba conocer el mundo que en muchas ocasiones se le habia negado conocer. ¿Sería un error haberse ido sin avisar? Puff... ¡¿A quién le importaba?! Entre carcajadas pensaba en el futuro que se mostraría en su senda.
Había ansiado tanto el poder viajar, ser libre como el viento, aprender del mundo y sus extensos parajes, pero debía ser cuidadosa, los humanos eran peligrosos, o al menos eso siempre le dijeron sus padres. «Los humanos son seres viles que desconocen la piedad, especialmente aquellos que se hacen llamar caballeros. Nunca te acerques a ellos porque seras consumida como la leña al ser echada a las brasas.» Las palabras de su padre empezaron a resonar una y otra vez como una llamada de alerta. ¿Sería cierto todo eso?
Sus padres eran demasiado cautelosos, tanto que su libertad fue privada por su "propia seguridad". Pero ya estaba cansada... realmente harta de sentirse como un ave enjaulada. El destino estaba frente a ella y no lo desperdiciaria. Su larga cabellera empezo a ondear ante el soplo del viento en el instante en que se sento en ese extenso campo, viendo el horizonte con tanto anhelo y deseo. Jamás pensaria que ese día sería el principio de una leyenda que sería contada por incontables generaciones.
Tendida sobre el pasto fresco de aquel solitario paramo, una chica albina reposaba observando el cielo. Había huido de casa, cansada de ser prisionera de las costumbres y salvaguardas. Deseaba libertad, deseaba conocer el mundo que en muchas ocasiones se le habia negado conocer. ¿Sería un error haberse ido sin avisar? Puff... ¡¿A quién le importaba?! Entre carcajadas pensaba en el futuro que se mostraría en su senda.
Había ansiado tanto el poder viajar, ser libre como el viento, aprender del mundo y sus extensos parajes, pero debía ser cuidadosa, los humanos eran peligrosos, o al menos eso siempre le dijeron sus padres. «Los humanos son seres viles que desconocen la piedad, especialmente aquellos que se hacen llamar caballeros. Nunca te acerques a ellos porque seras consumida como la leña al ser echada a las brasas.» Las palabras de su padre empezaron a resonar una y otra vez como una llamada de alerta. ¿Sería cierto todo eso?
Sus padres eran demasiado cautelosos, tanto que su libertad fue privada por su "propia seguridad". Pero ya estaba cansada... realmente harta de sentirse como un ave enjaulada. El destino estaba frente a ella y no lo desperdiciaria. Su larga cabellera empezo a ondear ante el soplo del viento en el instante en que se sento en ese extenso campo, viendo el horizonte con tanto anhelo y deseo. Jamás pensaria que ese día sería el principio de una leyenda que sería contada por incontables generaciones.