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ccbm1578754 · 36-40, M
Antes de ver los charcos rojos, su nariz reconoció el aroma ferroso de la sangre esparcida por todo el sitio.

El seguro de la Beretta sonó como un «clac» al ser retraído.

Pero su blanco no estaba en la pequeña.

¿Estás herida? Acércate. Ven, no debes temer...

Protector como sólo él ; cual guardián, ingenuo - sólo en parte pues del todo no se equivoca -, creyó a la niña una víctima y no un victimario. Y alargó una mano amiga para traerla consigo a resguardo.

Todo estará bien, descuida...
 
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