—Admiraba al cielo, notando un gran dragón negro, similar a como era él pero no parecía ser alguien nuevo. Todo su poder, desde el brillo de su madre, bajaba poco a poco a la tierra para mantener la flora y la fauna en su apogeo, suspirando un poco pero feliz de saber que madre se encargaba a pesar de sus errores, deseando tanto poder hablar con ella, poder escucharla como lo hacía cada noche. Al buscar entre sus ropas, sacó la flauta de bambú, pensativo por un momento, rogando que la melodía fuera suficiente para poder hacerse escuchar, llevando esta a sus labios y empezando a tocar.—