Ahh... Sin duda me he ganado el odio innecesariamente. ¿Quién me manda a abrir la boca?
—Niega y se da pequeños golpes con el dizi en la cabeza, regañándose por lo sucedido.—
Por favor, perdónenme por cometer un error... No soy alguien perfecto, tampoco una deidad. No volveré a hablar de lo que no me incumbe.