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La consagración a Tezcatlipoca fue motivo de celebración. Al joven moreno rebautizado "Yaótl", se le otorgaron derechos y beneficios que ningún esclavo podía concebir en vida, además del invaluable honor de ser representante de una deidad en la tierra.

Sin embargo, el jolgorio también debía verse motivado, de modo que, al caer el crepúsculo, el autoritario dios citó combate en la arena donde en un año se llevaría a cabo el máximo evento de sacrificio.
Ahí, le espera sentado a los pies de las anchas escalinatas de una pirámide, en la forma de una bestia félida de gran tamaño y belleza.
 
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[code]Confió en ese único golpe. Ese que dirigió a sus vértebras cervicales importantes, fue un golpe seco el cuál le aseguró una muda victoria. Verlo caer de esa forma relajó la excitación del momento, él mismo se dejó caer de espaldas una vez el peligro cesó. Tenía que apurarse a llegar a la base de la pirámide para pedir a los curanderos remedios para detener el importante sangrado de su pierna y abdomen.

Cuando al fin logró levantarse, la imagen del jaguar materializarse y acercarse lo paralizó, fueron solo unos momentos en los que notó alivio a sus heridas. No podía dudar de su Dios, pero todo fue tan repentino que perdió el conocimiento ahí mismo. Para bien o para mal, resintió cada emoción que su cuerpo no lo soportó.[/code]
 
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