La consagración a Tezcatlipoca fue motivo de celebración. Al joven moreno rebautizado "Yaótl", se le otorgaron derechos y beneficios que ningún esclavo podía concebir en vida, además del invaluable honor de ser representante de una deidad en la tierra.
Sin embargo, el jolgorio también debía verse motivado, de modo que, al caer el crepúsculo, el autoritario dios citó combate en la arena donde en un año se llevaría a cabo el máximo evento de sacrificio. Ahí, le espera sentado a los pies de las anchas escalinatas de una pirámide, en la forma de una bestia félida de gran tamaño y belleza.