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La consagración a Tezcatlipoca fue motivo de celebración. Al joven moreno rebautizado "Yaótl", se le otorgaron derechos y beneficios que ningún esclavo podía concebir en vida, además del invaluable honor de ser representante de una deidad en la tierra.

Sin embargo, el jolgorio también debía verse motivado, de modo que, al caer el crepúsculo, el autoritario dios citó combate en la arena donde en un año se llevaría a cabo el máximo evento de sacrificio.
Ahí, le espera sentado a los pies de las anchas escalinatas de una pirámide, en la forma de una bestia félida de gran tamaño y belleza.
 
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Tezcatlipoca · 100+, M
[code]Quizá en esa contienda el Dios no probó la fuerza física del más joven, pero si quedó claro su uso de recursos y su improvisación. Supo ponderar sus prioridades de tal forma que sacase ventaja dentro de las circunstancias que no le favorecen, comprendiendo la esencia del sacrificio; algo que debía ser claro en su mente para cuando el momento llegase.

La presión de su mordida cedió cuando su vida se extinguió. Con el hocico manchado en sangre, cayó de costado.

El silencio reinó por cuestión de unos segundos antes de que su cuerpo se descompusiera en cientos de orbes que, danzando con docilidad, fueron llevados al otro extremo de la arena, conformando uno a uno la silueta idéntica del cadáver ya inexistente, solo que esta vez sus colores parecían invertidos y las manchas claramente se veían por el destello neón de su trazo.

Sus ojos blancos se posaron encima de su contrincante, antes de exhalar un vaho cristalino que curaría sus heridas apenas hiciera contacto.[/code]
 
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