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La consagración a Tezcatlipoca fue motivo de celebración. Al joven moreno rebautizado "Yaótl", se le otorgaron derechos y beneficios que ningún esclavo podía concebir en vida, además del invaluable honor de ser representante de una deidad en la tierra.

Sin embargo, el jolgorio también debía verse motivado, de modo que, al caer el crepúsculo, el autoritario dios citó combate en la arena donde en un año se llevaría a cabo el máximo evento de sacrificio.
Ahí, le espera sentado a los pies de las anchas escalinatas de una pirámide, en la forma de una bestia félida de gran tamaño y belleza.
 
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[code]Aunque se movió de lugar para quedar completamente expuesto, su mirada no dejó de analizar cada movimiento o lugar que había a su alrededor, su respiración permaneció calmada y lánguida para reaccionar si así era necesario.

Y ocurrió.

Ese rugido solo pudo ponerlo en alerta cuando notó la habilidad del gran felino que se abalanza, huir no fue opción, así que solo pudo bloquear su mandibula al ofrecer su brazo cubierto con piel y otros atavios que sufrieron los estragos, así como su piel descubierta. El dolor no fue la impedimenta para poder tomar del cuello al animal y comenzar a apretarlo. Sus piernas cumplieron el cometido de no hacerlo trastabillar, sino mantenerlo firme al piso para cualquier cosa[/code]
 
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