-En cualquier otro mundo los vampiros no podrían mantenerse tanto tiempo a la luz del sol. Pero en este caso vampiros y humanos solían convivir ocultos unos con otros. Solo entre los miembros de la sociedad de la luna carmesí se reconocían o se encontraban como celebridades o familias de una larga estirpe que era conocida en medida de sus acciones, cargos, profesiones o escándalos. James había desaparecido y aquella fiesta era la invocación perfecta para que Naenia apareciera. Tal vez aquella peliverde estaba ocultando la presencia de ese ente maligno. El azabache la perfilo en la lejanía de lo alto siguiéndola con la mirada y manteniéndose tras el pilar. Recorrió su mirada estudiandola al tanto que aquella bebe de su copa el vino dulzón que ha pedido. No demora mucho cuando la fiesta es interrumpida por una peculiar melodía, entre máscaras algunos arlequines aparecen entre espesa niebla y risas distorsionadas comienzan a escucharse al menos para aquellos que son de ojos carmesí. Todo vampiro presente parece doblegarse ante aquel suceso. Tras la peliverde aparece una una sombra malforme casi dos metros más alta que ella tenía una sonrisa amplia en su desfigurada faz sombría y sin rostro, una mancha negra. Al parecer el pelinegro no se ha equivocado del todo. O si?.-