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SK1581973 · F
//Aprovecho de decirte que me encantó mucho la respuesta Kaeya, te quedó bien bonita. Ya sabes que no hay problema con la extensión de las respuestas, me gusta mucho cómo te quedan y ésta no es la excepción. Gracias a ti, se va a leer todo cursilon pero ;n; agradezco que me hayas dado gusto con mi ship super crack. Y no te preocupes de la inspiración, poco a poco y cuando se pueda, se que luego andas ocupada, entonces no te presiones.

Yo por ahora daré un tiempito de responder ambos temas para que no sea tan intenso de mi parte jaja, que luego me emociono mucho 💙
Y así, tan pronto como se sintió listo para ello, acortó una vez más la distancia que separaba sus labios de los de ella, tan dulce fue el gesto que se sintió desconcertado hasta que en su encuentro imprimió esa necesidad de probarla con todo el gusto y deseo que poseía.

| Como siempre un placer leerte, me inspiré mucho, pero como toda la vida tengo sueño siento que no salió tan bien como se merece pero tampoco me quiero extender demasiado para después terminar hartándonos. [??] Y como siempre, gracias por tanto, perdón por tan poco porque siempre puede quedar mejor pero nunca se me ocurre nada, solo dejo que fluya y mi playlist no está ayudando como quisiera. [???]
— Nunca tuviste las riendas, eso deberías saberlo ya, y me sorprende lo lejos que has logrado llegar para tenerme tan… cautivado. —Suspiró, era inevitable hacerlo mientras que su mirada continuaba deleitándose con su rostro en cada segundo, en cada palabra que se saboreaba junto con el dulzor que aún le cosquilleaba en los labios como remanentes de su encuentro. Deseaba más, necesitaba más, pero pedírselo le haría hervir de vergüenza y tomarlo por sus propios medios también podía desembocar en ello. ¿Qué más daba ya? — Ha sido una experiencia… Increíble, ahora, como ganador, creo que debo reclamar mi premio. —Relamió sus labios, tan encantador y dulce fue el tono que empleó que ni él mismo se creyó capaz de llegar a esos niveles de seducción por alguien más.
Sin embargo, no estaba dispuesto a perder esa atmósfera cómplice y maravillosa por su propia estupidez. Así pues, su mano derecha buscó la oportunidad para apoyarse en la cintura de la chica, asiéndola con tanto cuidado que muy apenas era un contacto superficial, pero con la suficiente fuerza para que la cercanía entre los dos pudiera prevalecer. Bajó la mirada, solo para observarla mejor y esbozó una sonrisa tan encantadora que él mismo fue consciente de ella por la sensación de cosquillas que experimentó en las mejillas.

— Aunque hablas tanto de la marea, parece que olvidas muchos detalles importantes, como que existen fuerzas externas que se encargan de hacerla crecer, ¿era algo así, no? —Inquirió, como si realmente nunca le hubiese prestado demasiada importancia a las explicaciones tan detalladas y explícitas. Pero en esta ocasión, debía aprovechar cada oportunidad que tenía a su favor.
Seguía insistiendo en continuar con ese juego, aferrarse a esa mezcla de palabras que él mismo había empleado en un inicio para fastidiarla e intentar demostrar que ella seguía siendo quién tenía el control total de la situación cuando, quizá, era más claro que las aguas que rodeaban la isla que todo estaba a su completo favor.

Y finalmente, ese ansiado momento que esperaba llegó. Como una brisa tranquilizante y amable, una que hacía soportar los cálidos días de verano y que invitaba a la relajación. El encuentro de sus labios con los de su acompañante fue tan placentero que lo disfrutó de principio a fin, no le importaba cuán pequeño pudiese ser o cuan abrupto fuese el momento; era una experiencia que estaba dispuesto a repetir si tuviera la oportunidad de hacerlo. Y es que terminó separándose cuando la necesidad de reírse se sobrepuso a todo instinto de degustarla como era debido. Seguía pensando en cada una de sus palabras y, al menos, creía que se merecía una respuesta decente.
Estaba fascinado, prendado, casi embelesado de todo lo que Kokomi le había mostrado en tan poco tiempo. Pero ser él quien tomara la iniciativa de detenerla, y manifestar todo aquello que comenzaba a florecer en su interior, no estaba entre sus planes; debía sentirse tan correspondido que le estaba cediendo todos los honores de ser honesta o de jugar con él a placer.
Resultaba adorable, dentro de la sorpresa que a momentos mostraba el rostro de Kaeya, si se ponía la debida atención se podía notar cuán interesado estaba en ella por ese momento. Todo su interés estaba en ella, en cada acción y es que la forma en que se aferraba de sus propias prendas era… Fascinante. Sus manos se habían alejado totalmente del listón de Kokomi e incluso de sus mejillas, porque debía darle el espacio y el tiempo de hacer lo que ella deseara. Con toda la atención, la dedicación y la seriedad que podía la contemplaba, y también la escuchaba conteniéndose las ganas de reírse por un momento.
Y es que cada acción de Kokomi le hacía pensar ello de una forma tan férrea que casi podía afirmar y asegurar con sangre que sería una de las experiencias más dulces y asombrosas que podía jamás vivir. La forma en que sus ojos, siempre honestos y amables, le observaban bastaba para pensar en lo afortunado que había sido de embarcarse en ese viaje; ni hablar de la forma en que sus labios, tan delicados y perfectos, se movían cada ocasión que recitaba alguna frase con la cual intentar ponerlo nervioso o con cada momento que se movían en un intento de proferir palabra alguna que moría en el silencio que sus suspiros dejaban. Y el tono rosáceo de sus mejillas, que iba adquiriendo conforme se avergonzaba, era la trampa perfecta para capturarlo y poder observarla durante horas, vislumbrarla y analizarla como una de esas obras de arte que Albedo pintaba, de las que rara vez entendía algo, pero en esta ocasión comprendía y sentía demasiado por esa imagen que tenía delante.
Pero en esta ocasión era diferente, demasiado para ser verdad e incluso llegaba, muy en el fondo, a encontrarlo tan incómodo como contradictorio. ¿En qué momento un intento de perturbar su paz había pasado de ser una disputa infantil por el control de uno sobre el otro a convertirse en una atmósfera tan abrumadora como asfixiante? Maldecía no estar ebrio, no por lo fastidioso de la situación, sino porque así sería más sencillo alegar a que el alcohol causaba estragos en él que lo habían llevado a tomar una iniciativa que, por ahora, creía que no lo correspondía.

La sacerdotisa de Watatsumi parecía ser un ente inocente y demasiado noble para corromperlo, sin su debido cuidado, por alguien como él; y conforme los minutos pasaban, se convencía de que el tiempo invertido iba a darle como recompensa, por su infinita paciencia y astucia para sobrellevar la situación, los frutos más dulces que nunca antes hubiese podido probar.
Después de todo, en la mente de Kaeya se repetía una y otra vez la misma escena donde la observaba en la distancia o a unos cuantos pasos, con tanta intensidad e interés que podía ser evidente que hacía más que solo observarla, y a veces le sonreía o le hacía algún gesto coqueto para ponerla nerviosa. Era la primera vez, o eso creía, que se tomaba tan enserio un coqueteo.

Y es que no se trataba de un juego, estaba casi convencido de que era así desde el momento en que Kokomi le había puesto las cosas más complicadas; si fuesen otras situaciones y circunstancias, estaba seguro de que un par de palabras habrían sido más que suficientes para lograr ganar aquella competición. Probablemente ya estaría probando de las dulces mieles de sus labios, disfrutando del suave tacto de su cintura y, quién sabe, quizás inventando alguna excusa para escaparse al día siguiente y que aquello no quedara más que como un encuentro casual.
— Es una pena, pero no creo que mi jefa tenga intenciones de soltarme tan fácilmente. Ya sabes, cariño, siempre se necesita una mente astuta para los planes y un par de manos dispuestas a hacerse cargo de los trabajos sucios. Además, no creo que puedas soportar la tensión o que no te congeles cada vez que me ves pasar. —Al igual que ella, Kaeya terminó riéndose de manera suave, pero todas sus palabras mantenían la misma seriedad que había empleado desde el primer momento. Incluso toda la atención de su ojo se centró de lleno sobre la sacerdotisa, como si con ello intentara demostrarle la veracidad detrás de sus palabras o el punto más importante por el cual podría retractarse de tenerlo allí.

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