["La libreta en verdad servía"... Aquél era el pensamiento que rondaba la mente del joven prodigio en todo Japón. Sensaciones encontradas disputaban en su interior por salir; entre ellas se encontraba el escepticismo, el temor, la duda... Era absurdo que una libreta pudiera matar gente, pero ya había hecho las pruebas necesarias y todo dictaminaba la veracidad de cada palabra escrita en la portada. Sus ojos, reflejando su yo interno, así como sus verdaderos deseos, brillaban con furor mientras en ellos se reflejaba aquel objeto de la muerte. ¿Acaso él había sido seleccionado para encargarse de ese trabajo? No lo sabía. No le importaba. Lo único que verdaderamente era relevante para él era el hecho de que ese cuaderno lograría ayudarlo a mejorar el mundo actual, a eliminar a toda la escoria que se encargaba de romper con el orden ideal y a retomar el control y la tranquilidad sobre la sociedad... Nadie se salvaría del juicio del nuevo dios, nadie podría oponerse al nuevo mundo que se avecinaba. Él se encargaría de acabar con todo aquel que rompiera el orden y atentara contra la seguridad de la gente verdaderamente inocente.
La duda y la incertidumbre pronto fueron remplazadas por el deseo de cumplir su objetivo. Una sonrisa frívola se había hecho presente en el rostro del joven, finalmente su vida había encontrado un propósito y estaba dispuesto a llevarlo a cabo sin importar los obstáculos que se le presentaran en el camino. Confianza no le faltaba, además de que... Como hijo de un policía, ¿quién podría sospechar de él? Exacto, tenía las armas necesarias para triunfar, así como la inteligencia suficiente para usarlas de la mejor manera... El mundo como lo conocía, estaba a punto de cambiar.]